7. Marginales imaginarios. Ficción y realidad en la nueva novela policial mexicana


Marginal imaginary. Fiction and reality in the new

Mexican detective novel

 

José Eduardo Serrato Córdova

 

 

Recibido: 3 de Marzo 2013. Aprobado: 18 de Abril de 2013

 

 

Resumen

La evolución del género policial en México ha sido lenta y, en sus inicios marginal, luego se puso de moda gracias a que autores cultos como Carlos Fuentes, Fernando del Paso, Sergio Pitol iniciaron elogios del género, nos recordaron las raíces del mismo y escribieron novelas basadas en códigos narrativos del género negro. La cabeza de la hidra ejemplifica en buena manera el dilema de un autor culto metido en novelas policiales.

 

Palabras clave: Género policial; Literatura mexicana; Carlos Fuentes.

 

Abstract

The evolution of the detective genre in Mexico has been slow, and in its marginal infancy, then it became fashionable thanks to educated authors as like Carlos Fuentes, Fernando del Paso, Sergio Pitol praise the genre started, reminded us of the roots of it and wrote novels based on narrative codes of black genre. The head of the hydra good way exemplified the dilemma of a cult author put in detective novels.

 

Keywords: Detective genre; Mexican literature; Carlos Fuentes.

 

La novela de Fuentes es un relato de espionaje y tensión política en medio de la crisis petrolera de los años setenta. El investigador y espía Félix Maldonado es una parodia de James Bond. Fuentes, en la trama de espionaje inserta una reflexión sobre los orígenes de la novela policial en México: Sí, Félix Maldonado era un mal agente, un James Bond del subdesarrollo. Pero mi servicio de inteligencia tenía que organizarse con lo que la realidad mexicana me ofrecía: Félix, Emiliano, Rosita. Ashenden y Richard Hannay tenían detrás de ellos a Shakespeare; mis pobres agentes a Cantiflas en El gendarme desconocido (247)

Y yo diría que Fuentes se quedó corto, detrás de las novelas policiacas populares mexicanas no está sólo Cantinflas, está Santo El Enmascarado de Plata, el cine de ficheras, Kalimán, el aprendizaje gráfico de los pasquines de crimen y sexo de los quioscos de periódicos y un repudio y resentimiento enorme a la literatura culta.

En las novelas que comentaremos, son representativas de un canon particular de cultura popular y de un lenguaje que nos remite al cine, al comic y otros medios de la llamada subliteratura. Pero lo que se mantiene en estos autores es una actitud irreverente, de resistencia cultural a los cotos de poder de la literatura culta y una postura de defensa de la cultura popular, en pocas palabras, esta literatura policial ha establecido una contracultura.

Al margen del prestigio literario, de las grandes editoriales y de los premios consagratorios de los círculos de intelectuales, existe una novela negra que regresa a los orígenes populares del relato policial. Inspirados en pasquines y en comics, estas obras nos remites a crímenes reales pero sin un afán periodístico y mucho menos testimonial. Regresan a los orígenes de escribir obras no para un público culto sino para un público heterogéneo. Este es un breve recuento de un género incómodo para la alta cultura.

Tomemos como punto de partida la crítica que Geney Félix Beltrán, crítico de la prestigiosa revista Letras Libres, hizo de una novela popular como Hielo negro de Bernardo Fernández:

[…] los personajes obedecen a motivaciones “básicas” (El Sadismo, El Poder, La Venganza) y nunca enfrentan conflictos nucleares que cimbren su psicología. Las peripecias se suceden una tras otra y los momentos de crisis, como el duelo por el asesinato del agente Armengol, se documentan con cursilería y patetismo tópicos, sin disrupciones interiores, pues en su esencia los personajes son los mismos al principio y al final. Así de planos.

En la segunda página, un policía auxiliar piensa en el cuerpo de su mujer y el discurso indirecto libre nos traduce: “Le parecía fascinante la delicada línea con que su talle se ensanchaba en las caderas, la textura de durazno [¡sic!] de aquel trasero moreno que solía recorrer con la lengua antes de atacar a mordidas (Fernández: 11, 12).

El sicario dormía después de tres días frenéticos de penetrar a Lizzy [la jefa del narco]. Penetrar, ésa era justo la palabra. No la ridiculez de hacer el amor. No la corrientada de coger. Penetrar. Como el cuchillo del carnicero. O el bisturí del cirujano ”

Al contrario de lo que piensa Geney Félix, veo estos defectos como virtudes del género popular, cuyos autores consideran que el relato policial popular debe ser ágil, entretenido y con el lenguaje de todos los días, es decir una literatura alternativa para el lector, muy escaso en estos días, común y corriente que no le interesa que haya existido un James Joyce, una Patricia Highsmith, sino que, al igual que los lectores de hace 150 años quiere leer una novela de aventuras y no hacer un posgrado en letras. Hagamos un repaso de está poética chabacana de la novelística mexicana reciente.

 

GONZÁLO MARTRÉ O EL ELOGIO DEL PELADAJE.

En una historia no convencional de la literatura policial, el veterano autor Gonzalo Marté (1928) sería, sin duda, el pionero de la literatura irreverente. Fue el primero en explorar las posibilidades estéticas del cómic, en particular Fantomas, publicación de la que fue argumentista. Sus narraciones se caracterizan por su lenguaje soez, su violencia, sus escenarios de los bajos fondos, y, por tener un claro mensaje político.

Gonzalo Martré es uno de los escritores más ácidos y satíricos de la escena nacional, sobre el que se ejerce una censura prejuiciada por su elogio del lenguaje popular cotidiano, que llega con frecuencia a lo vulgar. Quizás como consecuencia de lo anterior, se trata de un escritor cuya falta de difusión es consecuencia de que su obra está editada en editoriales marginales, con bajos y mal distribuidos tirajes, a pesar de ser un escritor enormemente atractivo, dedicado a escribir para un público muy heterogéneo.

Martré logró hacer que las historietas del elegante Fantomas fueran interesantes para el lector mexicano. Tal vez, el éxito de su recepción en el imaginario popular se debió a que era una especie de elegante “enmascarado de plata”; es decir, un justiciero como el luchador “Santo”, pero vestido de frac, que en lugar de lidiar en el ring de la Ciudad de México lo hacía en el escenario de un París sutilmente mexicanizado .

 

En el año 2000 Gonzalo Martré publicó la narconovela La casa de todos, una truculenta historia de niños de la calle, violencia sexual, venganza y una buena dosis de pornografía. Martré seguramente se inspiró en un legendario pasquín El Libro Policiaco cuyo tiraje registrado en el año 2010 era de tres millones de ejemplares vendidos semanales. El éxito de venta de El Libro Policiaco radica en explotar los bajos instintos de los lectores proletarios, con imágenes provocativas y violentas. El lector semianalfabeta es el receptor del mensaje. La casa de todos parte de un hecho violento que fue noticia en la nota roja. Los asesinatos cometidos en el edificio abandonado de la calle Independencia motivaron a Martré a inventar una historia de droga, corrupción y venganza. La heroína de la novela es la agente llamada la Rompecocos, quien es una especie de justiciera y que físicamente se ajusta los estándares de las mujeres de El Libro Policiaco.

Martré resume la trama de su novela como las nuevas aventuras de la Rompecocos:

[…]esa bellísima trigueña que no acierta un balazo a más de dos metros de distancia y que posee un corazón tan duro como el pedernal.

En esta aventura, La Rompecocos ha estirado mucho el cordón umbilical que aun la ata como “madrina” del agente federal Jorge Carmona. Asesorada por él, se encarga de un contrato para eliminar a unos aduanales que tuvieron la peregrina ocurrencia de robar una suma cuantiosa a uno de los principales cárteles de la droga.

En su investigación desciende a una peligrosa madriguera de drogadictos de baja estofa, recala en los ambientes de los bares gay de lujo y entre ambos extremos topa con inescrupulosos funcionarios cuyo alto índice de corruptibilidad va al parejo con su nivel oficial.

Parodiando los títulos clásicos del cine negro, Martré es básico y letal. Su novela es la quintaesencia de lo urbano popular en donde se conjuga el relajo, la vulgaridad y la violencia crónica de nuestros días.

El discurso policial de La casa de todos se regodea en subrayar los recursos repudiados por Geney Félix el sadomasoquismo, incluyamos la violencia gratuita y la violencia encarnada en personajes con una psicología básica. Un ejemplo de ello es el episodio de la violación tumultuaria a la agente Rompecocos, que por supuesto tendrá oportunidad de vengarse y torturar y matar a sus agresores, para complacer el morbo del lector. A diferencia de las grandes novelas de aventuras, la novela policial de popular mantiene la atención del distraído lector con escenas que despiertan el morbo, pero la sorpresa que se lleva el morboso es que acaba leyendo también algo de la historia política de su entorno y que acaba de recibir una lección que le explica medianamente el caos de la ciudad en que vive.

 

HIELO NEGRO, DE BERNARDO FERNÁNDEZ O EL ARTE DE ESCRIBIR NOVELA POLICIAL SIN PENSAR EN PATRICIA HIGSMITH.

Admirador de los grandes maestros del cómic policial, Bernardo Fernández desde el título mismo de su novela hace referencia a los varios pasquines, literatura basura o de aeropuerto que se titulan también Hielo negro. Llama la atención que Bernardo Fernández. De suyo los personajes son granguiñolescos, caricaturescos, inverosímiles: Lizzy, la jefa del cartel del norte, es una empresaria multimillonaria con deseos de convertirse en artista plástica. De hecho, utiliza los videos de sus crímenes para sus performances. La violencia la convierte en espectáculo. Páginas atrás hemos leído el lenguaje erótico de Fernández, su otro pecado es describir al científico loco encargado de diseñar la droga hielo negro como una especie híbrida entre Boris Malosnoff, de la tira cómica Rocky y Bullwinkle, y uno de los villanos de las películas del Santo:

Aún entre los compañeros de carrera le llamaban el Médico.

Llegó los primeros días de la carrera con la cabeza rasurada y una barba de candado cuidadosamente recortada. Era de edad indefinible y semblante inexpresivo. Nunca rió en público y solía llevar un ridículo bombín. Alguien quiso burlarse del sombrero, un alumno de los últimos semestres. El Médico le lanzó un bisturí a la cara. Nunca nade volvió a mofarse (85).

Hielo negro, como otras de Bernardo Fernández, es una novela de aventuras, donde lo importante es la acción misma. Como lo acusa Geney Félix, no hay profundidad en la psicología de los personajes como en las novelas de Conrad, Patrici Highsmith o Gram. Green, sólo hay peripecias y en esto se cifra la novelística de Fernández quien piensa en lectores comunes, jóvenes que frecuentan los blogs como parte de su formación literaria y no en lectores cultos, con una educación literaria formal.

Sin ser Corín Tellado ni un pasquín pornopolicial, Bernardo Fernández elige una narrativa ágil que no implica ser un éxito editorial sino ganarse lectores inteligentes en un país de pocos lectores. Jóvenes lectores que su espacio de lectura es el autobús o el metro y que su formación intelectual está en el ciberespacio porque no fueron aceptados en la universidad pública, pero que ha hecho un círculo de lectores en las presentaciones de libros, en los encuentros casi secretos de congresos de comics policiacos y de ciencia ficción. Espacios que han crecido y viven al margen de la literatura culta, sin importar lo que diga la crítica especializada de sus lecturas.

 

EL INTELECTUAL CRIMINAL ASESINA AL HOMBRE MÁS RICO DE MÉXICO.

Olvidar el futuro del experimentado escritor Agustín Ramos (1952) es otra novela recurre al pasquín, a las acciones inusitadas y a la trama sentimental. Un escritor en la cima de su carrera es citado por el hombre más rico del mundo en sus oficinas. Llega puntual a la cita. El millonario lo halaga, brevemente, luego le pide un favor: que le dé un curso de redacción a su secretaria. El escritor se siente humillado. El poderoso lo puede todo. Un taladro reposa accidentalmente en un mueble de la lujosa oficina. Con él –rápido, casi sin pensarlo– el escritor acaba con la vida del magnate. Ya está hecho. Lo que sigue es la crónica de un día en la vida de un hombre fugitivo que sólo quiere volver a casa, Ulises asesino. En un momento de su accidentado escape (difícil porque el Ejército, que ya estaba en la calle en guerra contra el narcotráfico, utiliza la muerte del megamillonario para activar un severísimo plan de emergencia nacional que en los hechos no es sino un golpe de Estado), el escritor llega a una estación de camiones, con la intención de viajar a El Chico, un parque protegido cercano a Pachuca, donde tiene su casa. En la estación se encuentra con un colega escritor.

Intercalada con las reflexiones y recuerdos del novelista asesino, Ramos intercala la biografía truculenta de Carlos Slim, libanés de origen humilde avecindado en el barrio popular de Peralvillo, que vio cómo un hermano policía judicial se enriquecía regenteando un prostíbulo, a la extorsión y al narcomenudeo. Carlos hacía lo propio consumando pequeños fraudes en la Bolsa Mexicana de Valores hasta convertirse en el Testaferro de Carlos Salinas de Gortari y luego en el dueño de casi todo México.

Agustín Ramos utiliza de pretexto el asesinato del millonario para aleccionar al lector común de la corrupción del gobierno de la derecha que padece el país desde el 2000 y que ha sido disfrazada de democracia. De los militares que han tomado la calle y terminarán asumiendo el poder, con la anuencia de Estados Unidos y la burguesía local. La novela policial de Ramos nos recuerda que elección presidencial hubo fraude, y que es un vergüenza que un país pobre, como México, engendre al máximo millonario del planeta. En medio de un discurso en el que se mezcla lo policial, con chismes de revista de espectáculos Agustín Ramos teje una novela no de denuncia sino de advertencia.

De modo menos truculento que Gonzalo Martré, Ramos también juega con el morbo del lector al mencionar anécdotas secretas de la vida de la alta sociedad mexicana, en donde sobresalen los hijos de Carlos Slim, la manera en que los intelectuales buscaron su apoyo económico, como fue el caso de Carlos Fuentes y al hacerlo describe el árido panorama político actual. No propone, para salir de él, una acción violenta individual (el origen mismo de la muerte del magnate queda, incluso, hacia el final, en entredicho), ni una acción social colectiva. Ya no hay salida. La esperanza se agotó. Al cielo ya no se llega por asalto. Lo mejor es cerrar los ojos y tratar de olvidar el futuro .

La novela policial de corte popular implica una molestia para la novela culta que se interesa por los temas de la novela negra. El rechazo consiste en que no se acepta una estética pensada para divertir y educar a un público mayoritario acostumbrado a leer El Libro Vaquero y otros pasquines pensados para millones de analfabetos funcionales. El dilema que plantea este tipo de literatura es que hay una literatura alternativa de entretenimiento, fácil, sin pretensiones de entrar a las grandes capillas culturales, que brinde también cierta formación estética a millones de lectores jóvenes que no tenían noción del cómic, ni de la novela negra. En este sentido, la novela popular regresa a los orígenes de la novela de folletinesca del siglo XIX, pero con los instrumentos mediáticos del siglo XXI. Esta novela se sabe efímera pero cumple la función importante de entretener divirtiendo a un lector que ha sido sistemáticamente olvidado por las instituciones educativas.

 

 

Bibliografía

 

Fabio Sánchez, Fernando. Artful Assassins. Morder as art in

Modern Mexico. Translade from Spanish by Stephen J. Clark. Nashville: Vanderbilt University Press: 2010.

Fernández, Bernardo. Hielo negro. México: Grijalbo, 2011.

García Ramírez, Fernando. “Olvidar el futuro, de Agustín Ramos”, en Letras Libres, 138, junio de 2010.            http://www.letraslibres.com/revista/libros/olvidar-el-futuro-de-agustin-ramos Consultado el 28 de junio de 2012.

Geney Félix Beltrán. Hielo negro de Bernardo Fernández, Letras Libres, junio, 2011. Consultado en http://www.letraslibres.com el 29 de junio de 2012.

Gómez Carro, Carlos. “Sátira martreana”, en http://revistareplicante.com. Consultado el 29 de junio.

Martré, Gonzalo. La casa de todos. México: Tinta Indeleble,2000.

Ramos, Agustín. Olvidar el futuro. México: Tusquets, 2010.

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