A falta de un animal

  • Carlos Rodríguez

Resumen

En el principio de los tiempos el mundo como mundo no existía. Todo era tinieblas y oscuridad. El caos reinaba por completo. En vista de esa situación los dioses se inventaron la luz y la luz fue hecha. Crearon el mundo con sus cielos y sus mares y, por supuesto, dejaron El Monte como el más hermoso de los vivideros de ese mundo nuevo. Cuando se dieron cuenta de que a esta creación divina le faltaba un ingrediente adicional para que quedara completa, dieron vida a los animales para que, conviviendo en paz y armonía, gobernaran y conquistaran las bellezas del mundo. Y éstos, bien mandados, se esparcieron por la inmensa geografía terráquea, invadiendo cielos, mares y El Monte con toda su espesura.

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Biografía del Autor

Carlos Rodríguez

Nacido en Tumaco, Carlos Rodríguez “El Diablo”, Comunicador Social y Antropólogo Cultural, como conservador de la cuentería tradicional y tallador de la décima cimarrona representa la imagen viva de la oralidad afropazifica. A través de este ejercicio por 20 años ha narrado el diario acontecer de la región del pacifico Sur Colombiano como dinamizador local e invitado de primer orden a nivel nacional e internacional en incontables espacios para recuperar, difundir y sostener la tradición oral.

Publicado
2018-09-25
Sección
Hojarascas

A falta de un animal

En el principio de los tiempos el mundo como mundo no existía. Todo era tinieblas y oscuridad. El caos reinaba por completo. En vista de esa situación los dioses se inventaron la luz y la luz fue hecha. Crearon el mundo con sus cielos y sus mares y, por supuesto, dejaron El Monte como el más hermoso de los vivideros de ese mundo nuevo. Cuando se dieron cuenta de que a esta creación divina le faltaba un ingrediente adicional para que quedara completa, dieron vida a los animales para que, conviviendo en paz y armonía, gobernaran y conquistaran las bellezas del mundo. Y éstos, bien mandados, se esparcieron por la inmensa geografía terráquea, invadiendo cielos, mares y El Monte con toda su espesura.

Dejaron al León como rey de tanta majestuosidad. Rey absoluto no solo del Monte, sino como soberano de todos los animales del mundo. El León era el encargado de mantener el orden y, fundamentalmente, de hacer cumplir las órdenes de los dioses. Y este León gobernaba con gran sabiduría para mantener la paz y el equilibrio en la tierra, direccionada desde El Monte, pues no permitía que entre animales se generara ningún tipo de violencia y de esta forma los grandes respetaban a los pequeños y los pequeños a los grandes en una comunión perfecta.

Pero con el paso del tiempo, la convivencia entre los animales cambió por completo. Unas a otras, las criaturas empezaron a hacerse daño, se olvidaron de la orden impartida por los dioses de vivir en paz y armonía y ahora reinaba solo el individualismo; se perseguían para comerse y para hacerse daño, los unos a los otros. Por esta razón, los dioses decidieron tomar fuertes medidas y de esta manera restablecer el orden que intentaron disponer en el mundo desde principios del Tiempo.

Para lograrlo llamaron un día al León:

-¡Hola, León! Te hemos llamado, porque hemos tomado la decisión de enviar un diluvio universal. Durante cuarenta largos días con sus noches, lloverá sobre la faz de la tierra, para que esta sea limpiada de tanta maldad que hoy la tiene sumida en el desorden y la desesperanza.

-Pero, señores, eso sería catastrófico para la vida de los animales- reclamó el León, preocupado, sorprendido y suplicante.

-Es necesario-dijeron los dioses. -Los animales que hoy pueblan la tierra se han dedicado a fomentar la maldad y el irrespeto entre ellos mismos, por lo tanto, hemos tomado esta drástica decisión, que sin duda alguna no tiene marcha atrás.

-No, no me parece justo- insistió el León. -Además yo, como rey, debo velar por la seguridad de todos y no encuentro acertada esta medida.

-Sabemos que eres un rey justo, sabio y bondadoso que no se ha dejado tentar de tanta maldad, por eso te vamos a encargar una gran misión- sentenciaron los dioses.

-¡Ustedes dirán!- contestó el preocupado rey.

-Tienes tres días de plazo, tres días únicamente, para que, desde tu sabiduría, escojas veinte animales que por su comportamiento ejemplar, demostraciones de amistad, bondad, respeto, altruismo, solidaridad y demás valores eternos, subirán contigo a un arca que vas a construir, a fin de protegerlos del diluvio que vamos a mandar sobre la tierra y así se salven de morir ahogados. Con los animales que se salven y que tú desde tu sabiduría sabrás escoger, pasado el diluvio universal, van a formar una nueva raza, una nueva sociedad llena de bondad, respeto, solidaridad y convivencia.

Meditabundo salió el León del encuentro con los dioses. Preocupado porque solo contaba con tres días de plazo para reunir al selecto grupo de animales que harían parte del nuevo proyecto de vida. La preocupación aumentaba al ver en la tierra a los animales haciendo sus actividades cotidianas; las aves volando libremente y los animales del agua nadando plácidamente, disfrutando del don preciado de la vida, una vida que estaban a punto de perder por disposición de los dioses y, lo que era peor, el preocupado rey no sabía a quiénes dejar y a quiénes salvar de entre tantos animales, ya que en su sentimiento de rey justo y bondadoso todos merecían subir al arca.

Era tan grande el conjunto de animales que poblaban la tierra, los aires y los mares, que era casi imposible reunir en tres días una selección exclusiva. No obstante, tenía que acatar cabalmente la orden impuesta, así que se dedicó a observar a todas las criaturas y a repasar y a evaluar una y otra y otra y otra vez su comportamiento para la escogencia, intentando desde su sabiduría tomar la decisión más justa y, sobretodo, acertada.

Pasaron los tres días del plazo y el León acudió al encuentro con los dioses para hacer entrega de la famosa lista de privilegiados. Sin pérdida de tiempo aquellos le preguntaron:

-¿Ya tienes la lista que te encargamos?

-Sí, ya la tengo y aquí está- contesto más tranquilo el León, mientras extendía su garra derecha para hacerles entrega de la famosa selección.

De forma inmediata, los dioses revisaron la lista, antes de lanzar varios gritos de asombro al leerla:

-¿Pero qué significa esto?

-Es la lista de animales que ustedes me pidieron convocar para librarlos del diluvio universal- contestó el León con cierta malicia.

-Pero no entendemos qué son estos nombres tan raros- replicaron los dioses, aún envueltos en el asombro y la ira.

Para su mayor descontento y pasmo, el León les quitó la lista que segundos antes les había entregado y tras invitar a los convocados, empezó a leer en voz alta.

Uno a uno, ante el llamado a lista del León, empezaron a salir de la espesura del Monte formando una larga fila de animales extraños. Encabezaba la fila el llamado RANARIO, que era una combinación entre una rana y un canario; otro llamado COLIMBRIZ, es decir, un colibrí alargado como una Lombriz; apareció una cosa más rara todavía llamada JEJENCUDO, nacido entre un jején y un zancudo; un animal llamado LORATA, de la combinación entre una lora y una rata, otro llamado PATOMA, del cruce entre un pato y una paloma; el PULGOJO, que salió de la mezcla entre la pulga y el piojo; otro llamado GATORTUGA, con cabeza y cola de gato y el duro caparazón de la tortuga; la MOSCARAÑA, con el cuerpo y las alas de la mosca y las patas de una araña; uno más al que llamó CUCEBRA, que era una larga culebra, pero con el cuerpo a rayas blanco y negro como una cebra; y otro llamado RINOCEFANTE, un animal de gran tamaño, quizás el más grande de todos, el cual tenía el cuerpo y el cuerno del rinoceronte y las orejas, rabo y trompa del elefante.

La lista de animales raros continuaba con el CABRALLO, combinado entre una cabra y un caballo, este animalejo era de lo más parecido a un Pony aunque del tamaño de una cabra, con cara, espalda y cola de caballo. Del cruce de un alacrán y un cangrejo, salió otro llamado ALACRÁNGREJO, un espécimen con dos tenazas y un aguijón; el llamado LECHUZAPO, un animal muy feo nacido entre los no menos agraciados lechuza y sapo, y como no podía ser de otro modo, la principal característica que había heredado el nuevo personaje eran sus ojos en extremo saltones.

Continuó el desfile con un animal llamado MICONEJO, que salió entre el mico y el conejo; otro al que llamó CUCARACHANGO, nacido del cruce entre la cucaracha y el chango; el ZORRATÓN, de la combinación entre el zorro y el ratón. Luego apareció un animal gigante rarísimo llamado HIPOSÓTAMO, de la mezcla entre un hipopótamo y un oso; otro llamado TIBURRÓN, de una extraña combinación entre un tiburón y un burro; uno más llamado CAMOLLO, del cruce entre el camello y el pollo, que era un pollo con dos jorobas. Finalmente, remataba la convocatoria el CHIVILÁN producto de la mezcla entre un chivo y un gavilán.

Astutamente, y para sorpresa de los dioses, el León había escogido cuarenta animales cruzándolos entre sí, para crear una nueva especie y, de esta manera, poder meter en el arca la mayor cantidad posible de animales.

A pesar de que se generó una protesta divina por la decisión tomada por el León, este ni corto ni perezoso y sin perder tiempo, empezó la construcción de la gran arca. Con la ayuda de los animales escogidos y ante la inclemente burla de los no convocados, quienes aseguraban que era puro cuento eso del diluvio universal, exactamente a las dos semanas terminaron de construirla.

No más fue terminar el arca y, por indicación de los dioses, uno a uno de los ocupantes fue entrando al arca para inaugurarla. Una vez estuvieron todos adentro, el cielo empezó a oscurecerse. Como por arte de magia el sol se ocultó y el día tan hermoso que hasta ese momento hacía se tornó opaco. De repente, empezó a llover inclementemente y en cuestión de minutos todos los rincones de la tierra se llenaron de agua y la lluvia se unió con los mares y con los ríos en una sola corriente y todas las criaturas que habitaban el mundo murieron ahogadas.

A bordo del arca todo era alegría y felicidad. Los animales supervivientes gozaban porque, al fin y al cabo, se habían librado del castigo enviado por los dioses. El ZORRATÓN vivía feliz, el zorro y el ratón sentían que eran una combinación perfecta y como a ambos les gustaba el monte esperaban ansiosos el momento de volver a recorrerlo. El ALACRÁNGREJO, felices con sus tenazas y su tremendo aguijón que los hacia soñar invencibles. Igual le ocurría al HIPOSÓTAMO, los grandulones hipopótamo y oso se sentían ahora mucho más imponentes, sin olvidar la alegría del TIBURRÓN, por la felicidad del tiburón con una parte que le sobresalía vistosamente, producto del aporte del burro.

Por desgracia, la dicha no duraría mucho, pues había otros no muy contentos. Los problemas de convivencia empezaron a surgir y las quejas no tardaron en llegar de manera continua a oídos de su majestad, el León, antes rey y ahora capitán del arca.

Y había de qué preocuparse, claro, pues la MOSCARAÑA, se mantenía todo el día y toda la noche corriendo por el arca, la parte de araña queriéndose comer a la parte mosca. Con el CUCARACHANGO ocurría otro tanto, pues la cucaracha no podía pegar ojo, ya que si se descuidaba podía divinamente terminar convertida en la comida del chango, quien tenía a su compañero de cuerpo entre sus comidas preferidas. Con el GATORTUGA no era menor el tropel, ya que la parte tortuga quería vivir siempre metida en el agua y la parte gato protestaba, ya que como se sabe a los gatos no es que les guste mucho el agua, lo que se convertía en un verdadero problema para el felino.

Con el LECHUZAPO pasaba una cosa parecida: a la parte sapo le gustaba estar metido en el agua la mayor parte del tiempo, mientras que la parte lechuza, acostumbrada a lidiar de noche y dormir de día, ya no podía hacer sus acostumbradas siestas desde el momento en que la unieron con el batracio ése, como lo llamaba ella de forma despectiva. Ahora los días de insomnio aumentaban de manera despiadada el tamaño de los inmensos ojos del nocturno animal y aquella unión contra natura molestaba también al sapito, a quien el trasnocho no le venía bien. Todo esto por no hablar de las demás quejas, que se habían convertido en el pan de cada día en la ya convulsionada arca.

Ante las situaciones difíciles para la convivencia y la complejidad de la nueva vida que llevaban, un día decidieron exponer todo su inconformismo y ajustar cuentas con quien todos consideraban el culpable de aquel enredo, por haberlos creado con tan disímiles características y condiciones. Todas las extrañas criaturas asumían que su actual estado era el resultado de un castigo divino, pues acaso quién había mandado al León a copiar a los dioses, abusando de un poder que solo a estos últimos estaba conferido: el poder de la creación.

En gran masa se acercaron a reclamarle al Rey y ahora capitán del arca, a quien rodearon para que les arreglara el problema. Muy preocupado y acorralado por todos los animales, el León en vano intentaba explicarles que el cambio había obedecido a un deseo por salvar a la mayoría posible de animales del diluvio vaticinado, pero estos, impulsados por la ira, no entendían razones. Para ellos lo único que contaba era solucionar la situación tan incómoda que ahora estaban viviendo.

Contra las paredes de la inaugurada arca se encontraba el León, a punto de ser alcanzado por la turba enfurecida, cuando despertó sobresaltado y se vio echado en la cómoda cama donde dormía cada noche, a salvo de la pesadilla ocasionada por la avalancha de seres nacidos del noble deseo de salvar a sus súbditos del diluvio universal.

Sudoroso, se levantó, abrió sus inmensos ojos rasgados y descubrió que estaba en un lugar seguro, viviendo en la apacibilidad del Monte creado por sus dioses, allí donde todo era paz y equilibrio, y no en medio de las aguas turbulentas de la tierra cubierta por un cruel diluvio. Al final todo lo vivido había sido tan solo un sueño, o más bien, una pesadilla tan grande como sus barbas.

Con la convicción de estar rodeado del regocijo del Monte, se asomó por el balcón de su palacio para respirar el aire puro que le proporcionaba tanta naturaleza creada por los dioses. Y no bien empezaba a disfrutar de todo ese encanto, cuando vio que a su palacio se acercaban en gavilla la TORTUGAÑA, el TIGRILLO y el CAMALEON. Se sintió desfallecer, pues pensó que la pesadilla había revivido.

Tan impresionado había quedado después de aquella horrible pesadilla, tan intensas le habían parecido las situaciones y las imágenes allí vividas, que de súbito empezó a ver a los animales con los que trataba cotidianamente como si fueran seres extraños creados por la imaginación. Así, a la TORTUGAÑA la vio como el injerto entre una tortuga y una araña, al TIGRILLO como el cruce de un tigre y un grillo y al CAMALEON como una mezcla de camarón y león.

Ya más tranquilo, el soberano, reúne al grupo TTC (Tortugaña, Tigrillo y camaleón) para contarles en medio de risas el sueño vivido, ejercicio que aprovechan para inventar nuevas criaturas, paridas de la imaginación que solo el Monte, el gran Monte, podría crear, inclusive en los sueños más recónditos.

GLOSARIO

CHANGO:

(Quiscalus mexicanus). Pequeña ave paseriforme de la familia Icteridae, de color negro con un lustre iridiscente, que habita la región del pacifico Sur colombiano. Miden entre 33 a 43 cm de longitud con una cola casi tan larga como su mismo cuerpo. Su canto es una mezcla de sonidos fuertes y estridentes parecido al cuervo. En la costa norte de Colombia le llaman “mariamulata”y en otros lados del Caribe le dicen “zanate”. En Centro américa se le conoce como clarinero al macho. En Panamá es llamado “talingo” o “changamé”. En Venezuela, se le conoce con el nombre de “Pedro Luis” y como “Negro Luis”.

TIGRILLO:

(Leopardus tigrinus). Especie de tigre pequeño de la familiaFelinae, su tamaño es muy parecido al de un gato doméstico de tamaño grande, con la cola larga y bien poblada. El color de su piel es como gris, de manchas oscuras. Habita en las tierras bajas, zonas de matorral, bosques y esteros de la Costa pacífica colombiana.

TORTUGAÑA:

Tortuga de tamaño entre pequeño y mediano oriunda del Pacifico Sur Colombiano. Es de color negro, patas amarillas y tiene un caparazón ovalado cuando es hembra o alargado cuando es macho. Vive generalmente en hábitats acuáticos, desde charcas, pozos, zanjas y arroyos hasta grandes ríos y lagos.