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De cómo conocí a una joven escritora. Cuentos de Ángela Rengifo. Por Harold Kremer

Entre la Literatura y la Historia: Manuel Mejía Vallejo, vivo.  PorRicardo Sánchez

 

Contenido de la ediciòn 20


Dossier Historia y Ficción

Acceso y distanciamiento

Ficción e Historia: reflexión teórica

Entre la Historia y la Ficción. Una aproximación teórica y un caso en la literatura colombiana

Las guerras en Colombia, una representación novelística

Historia y Ficción en Los parias, novela de José María Vargas Vila

Veredas de Diadorim: Tiempo, Ficción e Historia en la obra de Guimaraes Rosa

La historia posible en la Ficción narrativa de Germán Espinosa

Identidad y escritura en Josefa Gordon de Jove

Literatura Colombiana y Latinoamericana

Mito, Historia y Ficción en la antropogénesis  del hombre hispanoamericano en Terra nostra de Carlos Fuentes

Anotaciones sobre lo fantástico en Borges

Alcides Arguedas: el dolor de ser boliviano

Jorge Isaacs: entre el Pacífico y el Caribe

Escritores Invitados

De cómo conocí a una joven escritora. Cuentos de Ángela Rengifo Harold Kremer

Entre la Literatura y la Historia: Manuel Mejía Vallejo, vivo  PorRicardo Sánchez

Ediciòn 19

Ver ìndice de contenido

 
 

Jorge Isaacs: entre el pacífico y el caribe

Fabio Martínez

INGLES PORTUGUÉS

 

Resumen

Alejo Carpentier decía que las relaciones entre regiones no se definían por fronteras geopolíticas sino por fronteras geoculturales. Desde el descubrimiento de América, han existido estrechas relaciones entre el Caribe y el Pacífico colombianos, que no sólo se limitan al intercambio étnico que provocó el éxodo inhumano de mano de obra esclava venida de África, sino también estrechas relaciones comerciales y culturales abiertas por los viajeros y exploradores del siglo XIX.

El presente artículo muestra los significativos vínculos que tuvo la familia Isaacs, cuando el padre del autor de María, entró por el puerto de Santa Marta. Y las estrechas relaciones que tuvo Jorge Isaacs con el caribe colombiano.

 

Resumo

Alejo Carpentier dizia que as relações entre lãs regiões não se definiam por fronteiras geopolíticas, mas sim por fronteiras goeculturais. Desde o descobrimento de América, hão existido estreitas relações entre Caribe e o Pacífico colombianos, que não só se limitam ao intercambio étnico que provoca o êxodo desumano de não de obra escrava vinda da África, mas também que incluem estritas relações comerciais e culturais abertas pelos viajantes e exploradores do século XIX. O presente artigo mostra os significativos vínculos que teve a família Isaacs, quando o pai do autor de María, entram pelo porto de Santa Marta, e também os fortes vínculos que teve Jorge Isaacs com o Caribe colombiano.

 

Abstract.

Alejo Carpentier said that the relationships between regions are not defined by geopolitical boundaries but rather by geocultural boundaries. Since the discovery of America there has existed a close relationship between the Caribbean and Pacific regions of Colombia, which not only defines the ethnic interchange that caused the inhuman exodus of African slave workers, but also the close commercial and cultural relationships opened by the travelers and explorers of the Nineteenth Century. The present article shows the significant ties of the Isaacs family when the father of the author of María entered at the port of Santa Marta, and the close relationship of Jorge Isaacs with the Caribbean region of Colombia.

I

 

I

Como pocos países en el mundo, Colombia ha tenido el privilegio geográfico

de contar con dos regiones bañadas, respectivamente, por las aguas del Caribe y del Pacífico.

¿Ha existido una relación entre estas dos regiones? Y si ha existido, ¿cuáles

han sido?

Para dar respuesta a estas preguntas, tenemos que empezar por remontarnos

a la historia del país antes de su fundación, y decir que Colombia, como un país de regiones, fue el resultado de la experiencia de los viajeros, que con Cristóbal Colón, no solo descubrieron un Nuevo Mundo, sino que fundaron una nueva región y una nueva cultura.

Es Cristóbal Colón quien abre el camino, para que hasta finales del siglo

XIX, entren al país cientos de viajeros motivados por el mito del Paraíso terrestre o el mito del Dorado.

Estos viajeros, que entraron por el Caribe colombiano, contribuyeron de

una u otra manera a construir un país y a establecer los primeros vínculos entre las diferentes regiones.

Por el Caribe entró Vasco Núñez de Balboa quien descubrió el Pacífico

colombiano llamándolo por primera vez el “mar del sur”. Balboa fue el primer

gobernador del Darién y murió en Panamá acusado de conspirar contra el rey.

Entró Pascual de Andagoya quien fundó la ciudad de Panamá. Entró Juan de

Ladrilleros quien fundó la ciudad de Buenaventura, en 1540, sobre la isla de

Cascajal. De este lobo de mar, hoy se derivan los nombres de las playas turísticas de Juanchaco y Ladrilleros en la costa Pacífica. Entró Alejandro von Humbolt quien viajó hasta el Ecuador, en busca de sus investigaciones físicas y naturales.

Entró Charles Stuart Cochrane por el golfo de Urabá, que tomando el río Atrato

ingresó al Chocó con el privilegio gubernamental de la pesca de perlas en el mar  Pacífico. Entraron Charles Marie de la Condamine y Bonaparte Wyse, que bajaron por el sur hasta el Perú. Y entró George Henry Isaacs, el padre del novelista Jorge Isaacs, desde Montego Bay, en Jamaica, que en busca de fortuna se internó en las minas de Nóvita en el Chocó; y luego viajó a Cali, junto a Manuelita Ferrer en busca del Paraíso.

 

Todos estos viajes, que en su primera etapa fueron de conquista y

colonización, y luego de exploración científica y comercial, crearon, en el caso

del Caribe y el Pacífico, una serie de intercambios y vínculos entre estas dos

regiones, que aunque estaban separadas geográficamente, nunca lo estuvieron en realidad culturalmente.

En primer lugar, porque la cultura y la barbarie del viejo mundo entraron en

barco por el Caribe y a partir de allí se extendieron en todo el territorio nacional; en segundo lugar, porque dichos vínculos científicos y comerciales que continuamente generaban los viajeros entre el Caribe y el Pacífico tuvieron como escenario de fondo las fuertes migraciones de mano de obra esclava que venían del Caribe y se instalaban en la hacienda y en las minas del Chocó y el Valle del Cauca.

 

Según el historiador Germán Colmenares, entre el siglo XVI y el siglo XIX

entraron por Cartagena de Indias unos 15 millones de negros africanos, de los

cuales el sesenta por ciento se quedaba en la costa caribeña y el cuarenta por

ciento bajaba por Urabá, el río Atrato hasta los puertos de Buenaventura y

Tumaco, o por el río Magdalena y el Cauca hasta Cartago, a engrosar las

cuadrillas de esclavos que necesitaban los Arboleda, los Mallarino, los Caizedo

y los Isaacs, en sus minas y en sus haciendas.

 

En este sentido, hay que decir que en su mayoría los negros del Pacífico

tienen el mismo origen étnico que los negros del Caribe, y pese al profundo

proceso de disgregación que sufrieron por parte de los hacendados caucanos

para que no se rebelaran, algunos, incluso hoy en día, continúan conservando

sus apellidos que indican el origen tribal de sus antepasados, como los Congo,

los Mina, los Carabalí, los Biáfara o los Mandinga.

Esta migración forzosa venida del África, que ha sido considerada por los

especialistas como una de las páginas más oscuras de la historia de la infamia, transformó étnica y culturalmente al país, y permitió crear por primera vez un vínculo profundo entre el Caribe y el Pacífico.

Hoy en día, de un total de 44 millones de habitantes, hay 10 millones de

afrodescendientes repartidos en su mayoría entre las regiones Caribe y Pacífico.

Los verdaderos vasos comunicantes entre dos regiones son aquellos que

se establecen por sus profundos lazos étnicos y por sus desplazamientos.

Vínculo étnico, que infortunadamente continúa en la invisibilidad, y que no

se ha sabido aprovechar por parte de las dos regiones, porque a pesar de la

Constitución del 91, aún predomina en el país un imaginario “blanco”, que

niega cualquier relación con el otro.

En Cartagena de Indias, una tarde soleada escuché la historia de un negro

que me contaba que él nunca se bañaba en el mar porque se volvía negro. En

Cali, donde la mayoría de la gente de clase alta tiene muchacha de servicio

negra, aún es costumbre decir en forma de chiste: “negro ni el teléfono”.

 

 

2

Quizás en el único espacio donde la relación entre el Pacífico y el Caribe es

visible y ha superado cualquier frontera física o imaginaria, es en la música, que comparten las dos regiones por razones étnicas e históricas.

Pero volvamos a George Henry Isaacs.

El padre de Jorge Isaacs, un judío de origen sefardí, parte de Montego Bay,

Jamaica, rumbo a Colombia, en la década del veinte. Su deseo como viajero

hacía parte del mito que iluminó a los cientos de trashumantes que surcaron los caminos de América por encontrar el Dorado o paraíso terrestre, como Colón nombró en su diario, a estas tierras.

George Henry Issacs llegó en un momento de grandes transformaciones

sociales y políticas. El ejército libertador acababa de derrotar a las fuerzas

realistas y Simón Bolívar fundaba el 17 de diciembre de 1819 la República de

Colombia.

El mito del paraíso terrestre, que era alimentado por escritores como

Cervantes y Quevedo, hizo que el padre del novelista de María entrara por el

Caribe colombiano, se instalara en las minas de Nóvita, en el Chocó, y se

dedicara a la explotación del oro.

Allí George Henry Isaacs conoció de primera mano el ominoso sistema

esclavista en que estaba sustentada la minería, cuyos principales propietarios

eran los hacendados del Valle del Cauca.

Según Colmenares, la mano de obra esclava servía prioritariamente para los

trabajos fuertes de las minas; pero cuando un negro enfermaba o ya no servía

para las duras y extenuantes faenas auríferas, era trasladado a las haciendas

agrícolas del Valle donde se producía caña, aguardiente, tabaco, plátano y se

levantaba ganado.

Ante su fracaso en la minería, George Henry Isaacs se trasladó a Quibdo y

montó una tienda de abarrotes. Allí conoció el intenso negocio de contrabando

que se realizaba desde el siglo XVI, entre el Pacífico y el Caribe, a través del

famoso “velero obligado”.

La ruta del negocio ilícito consistía en sacar oro y platino por el río Atrato

hasta el golfo de Urabá; llevarlo hasta Jamaica, y de allí embarcarlo a los Estados Unidos y Europa.

El mismo George Henry Isaacs utilizó esta ruta para aprovisionarse de

mercancías en Cartagena, y abastecer su almacén, que un día fue devorado por las llamas.

Como hombre visionario que era, George Henry Isaacs fraguó varios

proyectos como el canal del Atrato, que uniría al Pacífico con el Caribe, creando la mejor arteria comercial del mundo. Soñó con construir la empresa de explotación de plantas lechosas para sacar productos farmacéuticos de la región,

 

que abastecerían al país y se convertirían en el primer renglón de exportación.

La empresa se llamaría La liria del Chocó. Y propuso la creación de la policía de fronteras compuesta por indios y negros de la región, que pondría control

sobre el contrabando de oro y platino que salía en el famoso “velero obligado”, donde el país perdía anualmente millones de pesos.

Pero quizás, dentro de sus múltiples proyectos nunca realizados, el que

mejor le funcionó fue el proyecto amoroso con Manuelita Ferrer Scarpetta, una

caleña de origen catalán, quien lo enamoró y lo llevó a conocer el Paraíso.

Mister George Henry Isaacs se casó con Manuelita Ferrer Scarpetta; de

dicha unión nació el 1°. de abril de 1837, en la ciudad de Cali, el futuro escritor Jorge Ricardo Isaacs Ferrer.

Hasta aquí hemos visto cómo las relaciones entre el Pacífico y el Caribe se

remontan al intercambio de “mercancías, servicios y hombres”, que se iniciaron cuando la corona española, ante la aniquilación física de mano de obra indígena, comenzó a “importar” mano de obra negra. Dicha mano de obra, que en su mayoría entró por el Caribe, se distribuyó entre el Pacífico y el Gran Cauca, regiones mineras y agrícolas por excelencia, que necesitaban para su producción y supervivencia, de la mano de obra esclava.

Luego, dicha relación interregional la continuaron los viajeros como George

Henry Isaacs, que impulsados por el mito del Paraíso, entraron al país y lograron establecer importantes nexos comerciales, científicos y etnográficos.

A esta segunda etapa de exploración y descubrimientos científicos y

etnográficos, pertenecen los dos viajes que hizo el escritor Jorge Isaacs a la

costa Caribe, cuando después de su derrota militar en Antioquia y de su derrota política en el Congreso de la República, fue nombrado por el presidente de la República, Rafael Núñez, secretario de la Comisión Científica, y viajó a la Guajira y al Alto Magdalena.

Los dos viajes al Caribe que realizó el autor de María, en 1881 y 1887,

respectivamente, y que están consignados en los “Anales de la Instrucción

Pública en los Estados Unidos de Colombia”, bajo los títulos “Sobre las tribus

indígenas del Estado del Magdalena, antes provincia de Santa Marta” y

“Hulleras de la República de Colombia de la costa Atlántica”, le permitieron a

Isaacs descubrir las minas de El Cerrejón, realizar un estudio sobre las tribus

indígenas de los Koguis que comprende un estudio etno-lingüístico sobre las

lenguas Goajira y Businka, recopilar objetos y piezas arqueológicas de los

indios Chimilas y Businkas y diseñar un Preciso de Geografía e historia sobre

la región.

En aquellos dos documentos que se constituyen en textos fundacionales

de la etnografía, están consignadas los hallazgos y tribulaciones de uno de los

viajes científicos más accidentados del país. Allí están registradas las visiones

y frustraciones de uno de los exploradores más inquietos que haya dado el país

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en el siglo antepasado; y por supuesto está consignada su enfermedad y su

derrota final, cuando el gobierno conservador de Rafael Núñez decidió entregarle

en concesión la explotación de las minas de El Cerrejón, a la compañía extranjera

Pan American Company.

El viaje de Isaacs al Caribe hace parte de los viajes de exploración científica

y etnológica, iniciados por Humboldt, Celestino Mutis, Eliseo Reclus y Agustín

Codazzi. Y representa la continuidad del viaje etnográfico que realizó en 1850 el

sociólogo Manuel Ancízar. Dicho viaje que tuvo como objeto alcanzar una

mirada sobre la situación económica y social de hombre colombiano después

de la Independencia, está consignado en el libro Peregrinación de Alpha.

El periplo de Isaacs por el Caribe se constituye en un viaje fundacional de la

joven etnografía del país, que se forjó durante aquel siglo. Un viaje de

reconocimiento y conocimiento por las regiones, que significaba que el país

había que mirarlo desde las regiones y no desde el centro hacia las regiones,

como lo pregonó la Constitución del 86. Un viaje que buscaba el retorno a las

regiones para poder reconstruir el mapa geo-cultural del país. Un viaje que, en

últimas instancia, retomaba el proyecto federal de los Estados Unidos de

Colombia en el que se inscribió políticamente Isaacs, y que finalmente fue

derrotado por la Constitución del 86.

El origen del viajero intelectual surge por primera vez a mediados del siglo

XIX, con el diario de Ralph Waldo Emerson. Allí, el autor estadounidense dice

que el nomadismo intelectual es la facultad de objetividad; son los ojos que se

alimentan de todo lo que ve; la casa es un carruaje en la que el hombre, parecido

a Kalmouk, recorre todas las latitudes, y es necesario que tengan en cuenta la

ley interior, como lo hace Kalmouk a su Khan, en el famoso diario de Marco

Polo.

Como uno de nuestros más importantes viajeros intelectuales del siglo XIX,

el viaje de Isaacs al Caribe, representa no solo la posibilidad de crear vasos

comunicantes entre las regiones, si no que significa que los colombianos

debemos volver a pensar el país desde las regiones, que es donde se encuentran

las mejores energías para poder construir un país fuerte y descentralizado.

 

Bibliografía

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de Buenos Aires, 1967.

Cochrane, Charles Stuart. Viajes por Colombia, 1823 y 1824. Bogotá: Biblioteca V

Centenario Colcultura. Banco de la República, 1994.

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Banco de la República, 1997.

———————— Cali: Terratenientes mineros y comerciantes, siglo XVIII. Cali:

Univalle, 1975.

Díaz Granados, José Luis. Viajeros extranjeros por Colombia. Bogotá: Biblioteca familiar

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Martínez, Fabio. El viajero y la memoria. Un ensayo sobre la cultura colombiana visto

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————————-En busca del paraíso perdido. Una biografía novelada de Jorge

Isaacs. Bogotá: Editorial Planeta, 2003.

Revista Pacífico Sur. Nos. 1 y 2. Directores: Darío Henao y Víctor Manuel Estrada.

Cali: Univalle. Facultad de Humanidades, 2002-2003-2004.

Rodríguez, Pablo. “Aspectos del comercio y vida de los esclavos, Popayán, 1780-

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Sharp, William F. Slavery on the Spanish frontier: The Colombian Chocó, 1680-1810.

University of Oklahoma Press, Norman, 1976.

Valencia, Alonso y otros autores. Historia del Gran Cauca. Cali: Instituto de Estudios

del Pacífico. Universidad del Valle. 1996.

194

Fabio Martínez

Profesor titular de la Universidad del Valle. Doctor en semiología de la

Universidad de Québec. D.E.A en estudios Hispánicos de la Sorbona de Paris.

Actualmente es el Jefe del Departamento académico de Licenciatura en Literatura

de la Universidad del Valle. Obtuvo el primer premio de Ensayo Latinoamericano

René Uribe Ferrer (1999) con su libro El viajero y la memoria. Autor de los

libros Un habitante del séptimo cielo, Fantasío, cuentos, Breve tratado del

amor inconcluso, cuento breve (2000), Pablo Baal y los hombres invisibles,

novela (2002), Club social Monterrey, novela (2003), Cuentos sin cuenta,

antología de escritores de la generación del 50 (2003).

 

 

 

 

 

Universidad del Valle, Facultad de Humanidasdes, Escuela de Estudios Literarios. Tel. 3212161. Cali, Colombia.