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De cómo conocí a una joven escritora. Cuentos de Ángela Rengifo. Por Harold Kremer

Entre la Literatura y la Historia: Manuel Mejía Vallejo, vivo.  PorRicardo Sánchez

 

Contenido de la ediciòn 20


 
Dossier Historia y Ficción

Acceso y distanciamiento

Ficción e Historia: reflexión teórica

Entre la Historia y la Ficción. Una aproximación teórica y un caso en la literatura colombiana

Las guerras en Colombia, una representación novelística

Historia y Ficción en Los parias, novela de José María Vargas Vila

Veredas de Diadorim: Tiempo, Ficción e Historia en la obra de Guimaraes Rosa

La historia posible en la Ficción narrativa de Germán Espinosa

Identidad y escritura en Josefa Gordon de Jove

Literatura Colombiana y Latinoamericana

Mito, Historia y Ficción en la antropogénesis  del hombre hispanoamericano en Terra nostra de Carlos Fuentes

Anotaciones sobre lo fantástico en Borges

Alcides Arguedas: el dolor de ser boliviano

Jorge Isaacs: entre el Pacífico y el Caribe

Escritores Invitados

De cómo conocí a una joven escritora. Cuentos de Ángela Rengifo Harold Kremer

Entre la Literatura y la Historia: Manuel Mejía Vallejo, vivo  PorRicardo Sánchez

Ediciòn 19

Ver ìndice de contenido

 

 

Las guerras en Colombia,

una representación novelística

Carmina Navia Velasco

INGLES PORTUGUÉS

 

Resumen

El texto propone una lectura de la representación narrativa, de las guerras colombianas, que realizan dos novelas escritas por mujeres: Catalina de Elisa Mujica y Viva Cristo Rey de Silvia Galvis. Muestra cómo en estas novelas se trabaja sobre el trasfondo de las guerras de independencia, de la Guerra de los Mil Días y de la violencia bipartidista de principios y mediados del siglo XX. Muestra igualmente cómo se contraponen el universo femenino, con el universo guerrero, invalidando este último.

 

Resumo

O texto propõe uma leitura da representação narrativa das guerras colombianas que realizam dois romances escritos por mulheres: Catalina de Elisa Mujica e Viva Cristo Rey de Silvia Galvis; muestra também como nesses romances se trabalha o transfundo das guerras da independência, da guerra dos mil dias e da violencia bipartidária do principio e meados de século XX. Igualmente nos deixa ver como o universo feminino acaba por invalidar o universo guerreiro quando se contrapõem.

 

Abstract

The text proposes a reading of the narrative representation of the Colombian wars elaborated in two novels written by women: Catalina by Elisa Mujica and Viva Cristo Rey by Silvia Galvis. It shows how these novels occur against the backdrop of the wars of independence, of the Thousand Day War and of the partisan violence of the early and mid Twentieth Century. In addition, it shows how the female universe contrasts with the universe of war, invalidating the latter.


Las guerras en Colombia,

una representación novelística

 

La relación entre literatura e historia, nunca ha sido puesta en duda o cuestionada seriamente. Desde los orígenes mismos de la cultura occidental en el mundo griego, la literatura se ha nutrido de los acontecimientos históricos y la historia a su vez, se ha nutrido de las formas narrativas propias de lo poético. Esta dialéctica entre los acontecimientos y la poesía, es recordada por William Ospina: Las más grandes hazañas pierden su lustre sino se las amoneda en firmes

palabras, dice un rey nórdico en algún relato de Borges y en la Odisea Homérica leemos aquella célebre sentencia: Los dioses labran desdichas para que a las generaciones humanas no les falte que cantar. No hay episodio trascendental de la historia que no haya dejado un eco en la música verbal de su tiempo o de los tiempos ulteriores. (1).

En las últimas décadas del siglo XX y primeros años del XXI, esta mutua relación ha cobrado vigencia y se ha convertido, tanto en nuevas formas de experimentación en la novelística y en la narración histórica, como en objeto de

estudio de las teorías literaria e histórica.

La poesía se constituye en una fuente de conocimiento y cuando el pasado nos interroga y nos angustia con su hermetismo, la novela siempre nos ha ayudado a su comprensión. La poesía o la novela nos guían a través de bosques oscuros persiguiendo una luz:

Todo en la ficción está ordenado y reordenado con vistas a la percepción,

siendo la novela un ente epistemológico puro... La ficción es realidad comprimida,

realidad autoexplicativa, realidad que es y se hace saber, al mismo tiempo... La

ficción nos ofrece cada cosa rodeada de claves y pistas, indicaciones, en cuanto

a su sentido... (2).

En este sentido la tradición latinoamericana ha recurrido siempre a la mutua

iluminación entre historia y ficción, estableciendo entre ambas un corredor de

ida y vuelta, como lo explica muy bien, Enrique Pupo-Walter en su texto sobre

la vocación literaria de la historia en el subcontinente (3).

Colombia y su tradición literaria no ha sido una excepción en esta dinámica

generalizada. Desde que Juan de Castellanos, escribe su extensa narración

poetizada: Elegías de varones ilustres de Indias, hasta estos momentos, en los

que Silvia Galvis publica su extensísima obra: Soledad, conspiraciones y

suspiros, los discursos literario e histórico se mezclan y confunden,

diferenciándose y enriqueciéndose mutuamente. El profesor Gonzalo España,

ha encontrado, a lo largo de su investigación en curso, veinticinco novelas que

recrean las múltiples guerras colombianas, durante los siglos XIX y XX.

 

Es mi intención en este artículo, revisar cómo se han dado las relaciones

entre Guerra y Narrativa, en dos novelas concretas, ambas de pluma femenina:

Catalina de Elisa Mujica (1963) y Viva Cristo Rey de Silvia Galvis (1991).

Quiero de un lado destacar esa relación entre ficción e historia de la que he

venido hablando, y de otro, mostrar cómo esa representación tiene en la mirada

de mujer un elemento crítico enriquecedor.

Parto de la convicción de que autores y autoras evalúan la historia y las

relaciones genérico/sociales desde sus propuestas novelísticas, porque:

La aplicación imaginativa de la modalidad narrativa produce, en cambio

buenos relatos, obras dramáticamente interesantes, crónicas históricas creíbles

(aunque no necesariamente verdaderas). Se ocupa de las intenciones y acciones

humanas y de las vicisitudes y consecuencias que marcan su transcurso...

... el acto de crear una narración de una clase determinada y con una forma

determinada, no tiene por objeto suscitar una reacción estándar, sino recuperar

lo más adecuado y emocionalmente vivo, del repertorio del lector. De modo que

la gran narración consiste inevitablemente, en abordar conflictos humanos que

resulten accesibles a los lectores... (4).

De esta manera, las novelas ofrecen una mirada sobre acontecimientos y

pasiones, que ayudan en la comprensión de la dinámica histórica.

 

Las novelas

Elisa Mujica, escritora bumanguesa, nacida en 1916, publica en 1963 en

España, su novela Catalina (5), resaltada, como significativa e importante, por

el jurado del Premio Nacional de Literatura ESSO. Se trata de una novela madura

y estéticamente muy lograda, cuya estructura la sitúa entre las literariamente

más significativas del país, aunque ello no se haya correspondido con su cuasi/

clandestina circulación.

Catalina es una novela amplia y compleja, cuya primera intención es centrar

la mirada en la vida de una mujer de provincia, y en sus diversos y múltiples

cautiverios, en la Colombia de principios del siglo XX. La narración articula

permanentemente dos universos: el mundo doméstico y privado de las relaciones

entre hombres y mujeres... y el mundo público de las relaciones políticas y

económicas que se juegan principalmente entre los varones. Desde esta

perspectiva la novela hace referencia a dos guerras: la llamada Guerra de los

mil días, en los umbrales del siglo XX, y las Guerras de la Independencia, en

las que se focaliza al ejército libertador. La novela a partir de una genealogía

femenina, propone una mirada a la tradición guerrera del país.

Como dije, la novela de Mujica es compleja y el cuadro presentado en ella

quiere dar cuenta cabal de la situación de la mujer en medio de esas formaciones

sociales patriarcales: el país naciente, la hacienda, la pequeña ciudad de

 

provincia. En medio de un ambiente asfixiante, la narradora/protagonista nos

cuenta, cómo pasa su infancia buscando la mirada aprobatoria del padre, mirada

que nunca le llega... posteriormente muestra cómo traslada ese vacío a la

búsqueda de la mirada aprobatoria del marido... y cómo finalmente intenta suplir

estas distintas orfandades en la relación con su amante, relación que por otro

lado le deja más vacíos aún.

Desde este universo personal y subjetivo la novela se abre hacia una mirada

evaluativa de los héroes y soldados que configuraron nuestra nacionalidad y

sentaron las bases del nuevo país. La guerra se instaura en el mundo novelístico:

sus objetivos, sus ideales y sus consecuencias son puestas en cuestión.

Catalina, la mujer que se atreve a ser infiel en esa pequeña ciudad de provincia,

se atreve igualmente a cuestionar la vocación a las armas que tienen los hombres

que la rodean o la han precedido, este cuestionamiento ya lo había realizado su

abuela María Corazón, quien termina descalificando a su marido/soldado.

En 1991, Silvia Galvis, publica su novela Viva Cristo Rey (6). Galvis

igualmente bumanguesa, nos entrega una obra bastante diferente de la anterior

y sin embargo muy en afinidad con ella. La intencionalidad de la autora en esta

narración es mucho más claramente histórica: Viva Cristo Rey, pretende

principalmente reconstruir un universo político de hegemonías y guerras, quiere

mostrar las alianzas entres los diferentes grupos de poder. Pero igualmente, su

mirada femenina, devela los mecanismos patriarcales de esos universos y

alianzas, para mostrar cómo la mujer en ellos permanece marginalizada y cautiva.

Silvia Galvis, mezcla en su trayectoria como escritora, el trabajo histórico,

periodístico y narrativo. En ella son obvias las intenciones de releer la historia

del país, para develar sentidos ocultos. Su mirada es siempre crítica y evaluadora, tal como lo plantea White: Y esto sugiere que la narrativa, seguramente en la narración fáctica y probablemente en la narración ficticia también, está íntimamente relacionada con, sino está en función de, el impulso a moralizar la realidad, es decir, a identificarla con el sistema social que está en la base de cualquier moralidad imaginable (7).

 

Desde esta perspectiva, su novela quiere re/evaluar más de medio siglo de

historia nacional, develando los hilos ocultos que la conducen. Los dos

protagonistas de la narración, Alejo y Rosalía, quieren representar tipos de

comportamientos e ideologías, quieren mostrar un país que se cierra sobre sí

mismo y que ahoga en esos círculos muchas posibilidades de vida. El fracaso

de su amor, es el fracaso de un cierto tipo de patria, de un proyecto de nación,

que los hombres han querido construir en medio de sus enfrentamientos e

hipocresías. Rosalía se opone no sólo a los permanentes devaneos amorosos

de Alejo, sino a su cinismo político.

Ambas novelas son santandereanas, lo que remite a un microcosmos cultural

específico. En el trabajo de Silvia Galvis es sin embargo, en el que queda más

claro el universo santandereano, en el cual el patriarcado y sus códigos del

honor, se construyen con un pilar en lo político y otro en lo religioso eclesial:

En los niveles políticos, la personalidad en el poder, o la que en su concepción

fanática posee la verdad y/o bendición del Altísimo, convierte un roce personal

en una contienda colectiva. Las ideas se exponen en forma agresiva de reto,

contando con el respaldo de copartidarios. El otro bando de similar militancia

agresiva, recoge la ofensa, “saca la cara” y aguarda el instante de vindicarla,

creándose en la comunidad un clima de latente violencia, que al menor roce

explota en lucha abierta.

Si se proyecta el historial de conflictos políticoreligiosos

de Santander, en el siglo pasado se ve un continuum de hechos

que enlazan con los de este siglo. (8).

 

Las guerras

Si entrelazamos las dos novelas, tenemos como resultado la representación

de una dinámica de guerras no sólo extensa en el tiempo, sino interminable en

su dialéctica. En Catalina, a través de María Corazón, la abuela de la

protagonista, asistimos a los acontecimientos que preceden y rodean la

Convención de Ocaña (1828), a las campañas del Libertador y a las

consecuencias de los enfrentamientos entre Santander y Bolívar. Posteriormente

el esposo de la misma protagonista es presentado como uno de los héroes de la

batalla de Palonegro (1900). En el transcurso de esta misma guerra de los Mil

Días, nace el protagonista de la novela Viva Cristo Rey, nace mientras su padre

está en la guerra. Este protagonista va a librar distintas batallas y enfrentamientos políticos y armados, en las primeras décadas del siglo XX. Y la novela termina, precisamente, cuando se escuchan en la radio las violencias que rodean nuestro 9 de Abril (1948). Entre las dos obras narrativas, dan cuenta de más de un siglo en que las armas terminan siempre por imponer su lógica.

La guerra en la novela de Elisa Mujica, es de cierta manera un tema y una

realidad marginal, pero no por ello deja de estar presente con su fuerza

permanentemente nefasta. María Corazón, la abuela de Catalina Aguirre, vive

una apasionada historia de amor, con el general Tomás Aguirre, miembro de los

ejércitos de Bolívar, con quien se casa y tiene un hijo. María Corazón participa

siempre de los ideales revolucionarios de su esposo y apoya su contínua

permanencia en los oficios militares. Ella asume su destino sin cuestionarlo: las

mujeres y los hijos permanecen en la hacienda y en el pueblo, mientras los

hombres inician y desarrollan siempre nuevas batallas... su destino como mujer

es apoyar las empresas guerreras de su hombre.

Sin embargo, en una de las vueltas del camino, María Corazón se da cuenta

de lo absurdo de este guerrear permanente:

 

 

Una vez María Corazón se enteró de que a un compañero de Tomás lo

habían apresado los contrarios. Lo fusilaron al pie de la ceiba de la plaza contra

la que ensayaban su puntería unos soldados borrachos...

... Tomás se fue a reanudar la campaña, pero Delfina le contó a su amiga:

El guerrillero fusilado tenía muchos crímenes sobre sus espaldas. En una

ocasión llegó a una hacienda donde no había sino campesinos, acusados de

suministrar víveres al enemigo. Ordenó reunirlos frente a la casa, dio orden de

disparar y luego escapó con su gente. Al otro día los que pasaron por el camino

recogieron los cadáveres...

María Corazón no había pensado que los otros podían también esgrimir

argumentos para justificar su lucha. Saberlo fue como cometer la primera

traición, no contra su partido, sino contra Tomás.

Desde ese día decidió que su hijo Lorenzo no seguiría la carrera de las

armas... la aterrorizaba entregarlo a esa fuerza, y lo alejaba con disimulo mientras

los hombres hablaban...

Su hogar se hallaba a punto de desbaratarse y ella ya no estaba unida a su

marido... Cada uno luchaba dispuesto a apoderarse del porvenir de su hijo. La

noche en que Tomás, después de su vida violenta, cerró duramente los ojos en

paz y en los brazos de María Corazón, esta se alegró en medio de la pena.

 

Había librado para siempre a Lorenzo del peligro de ser soldado. (9).

La amistad entre estas dos mujeres, Delfina y María Corazón, permite a esta

última comprender que la verdad no está siempre de uno de los dos lados de los

ejércitos enfrentados y que por el contrario, la guerra atropella con su injusticia

y su pasión arrebatadora a unos y otros. Lorenzo, el hijo de María Corazón

seguirá efectivamente, otros rumbos muy diferentes.

La novela continúa mirando, un poco desde lejos, las guerras reales y

posibles que azotan los campos y ciudades en ese fin de siglo: “El cansancio

acumulado por tantas guerras era como un temible viejo sentado encima de

todos oprimiéndonos los huesos”, dice uno de los protagonistas, en un momento

de reflexión. Samuel Figueroa, el marido de Catalina, encarna en la obra a los

rebeldes liberales que se levantaron contra el gobierno, en la guerra de los Mil

Días. Su prestigio entre las gentes de su partido, le viene dado de haber sido

uno de los heridos en la célebre batalla histórica de Palonegro, batalla cuya

pérdida determinó en últimas el triunfo de la tropas gubernamentales.

Figueroa cuenta en la narración, cómo inmediatamente después de recibir

su grado de derecho en Bogotá, se alista con los ejércitos liberales. Su relato

explica que los colombianos nacen divididos en dos y cada uno sabe, su sangre

de qué lado lo ubica. Es necesario responder a ese destino de la sangre. Leída

desde el punto de vista de este actor, la novela cuenta el ascenso social y

económico de Samuel Figueroa, desde su condición oscura y humilde de

estudiante bogotano, hasta constituirse en el marido y por tanto dueño de una

de las más ricas herederas de Bucaramanga.

 

Este héroe de guerra, herido en una de las batallas más famosas de la eterna

contienda colombiana, forja su destino, en medio de traiciones e hipocresías:

se casa por dinero y se muestra incapaz de mantener el amor de su esposa, su

ambición lo lleva a atravesarse en el camino de la justicia que su esposa quiere

llevar a cabo y finalmente su amor por el dinero lo conduce a la muerte en medio

de un duelo pasional, en el que nuevamente las armas dirimen el conflicto. La

guerra en este sentido, en la novela, está presente para develar el carácter y la

trayectoria de uno de sus protagonistas.

Los enfrentamientos y las guerras en la obra de Silvia Galvis son trabajados

de otra manera. Viva Cristo Rey, configura una parábola del destino de muerte

de los y las colombianas, a través de las relaciones establecidas en dos pueblos

vecinos, que se fundaron de forma autónoma, precisamente por estar

atravesados por ese destino: Himeneo y Onán. En estos territorios, en cuanto

síntesis de Colombia entera, liberales y conservadores se enfrentan, se

traicionan, se agreden y se matan sin tregua.

La narración profundiza, desde distintos puntos de vista, estas dinámicas

de conflicto y, sobre todo, quiere poner de manifiesto la participación de la

religión católica en los odios que llevan a los colombianos y colombianas a

negarse permanentemente los unos a los otros. Por ello los acontecimientos

tienen lugar en los dos pueblos mencionados, en Bogotá la capital, y además

en un convento/internado para jóvenes. Desde este convento y desde las

respectivas parroquias, la iglesia católica a través de los curas ordena un

universo de exclusiones, miedos y condenas permanentes. Estructural y

narrativamente la obra representa una dinámica social, en la que muy claramente:

...Un sesgo conceptual se estableció desde entonces, asignándose un bando

el honor de defensor de la fe, poseedor de la verdad, y se signó al otro como ateo,

anticlerical, librepensador, el malo de la colectividad, denuestos que se

convirtieron en bandera ideológica para aglutinar y empujar a las vindictas

civiles de tanto auge en el suelo santandereano en el pasado siglo y en el que

transcurre. Esta clasificación político-religiosa aisló de su fe, hasta el presente,

a numerosos grupos de población. (10)

Silvia Galvis, más de medio siglo después, relee la historia de su propio

terruño, para poner al descubierto los hilos ocultos de comportamientos

violentos y guerreros. Su novela se inscribe en la revisión de la historia, realizada

por las nuevas generaciones, que quiere iluminar los enigmas del tiempo

presente, en tanto son fruto del pasado:

La escritura actual problematiza la historia desnudando los acontecimientos

sociales contemporáneos, como parte de una dinámica en proceso, ni circular, ni

terminada. La ficcionalización de estos hechos o períodos produce el efecto,

algunas veces, de una desmitificación del pasado (11).

 

La novela, igualmente que Catalina, pone en juego y contraposición

distintos universos: la confrontación bélica, la plaza pública y arenga política,

las relaciones intrafamiliares, las intimidades eclesiales, las relaciones entre

patrones y campesinos pobres... Los patriarcas liberales y conservadores, que

proponen ideales sublimes para defender su recurso a las armas, son los mismos

que violan muchachas campesinas que apenas entran a su adolescencia, cuyos

cuerpos, vírgenes aún, quedan marcados por el horror tempranamente.

La intencionalidad de Silvia Galvis en Viva Cristo Rey, es mostrar un cuadro

de relaciones cuya violencia atraviesa múltiples niveles, pero se regula

íntegramente desde un núcleo inamovible que reprime todos los interrogantes

o rebeldías: La institución religiosa como reglamentación y como ideología ofrece un amplio marco etiológico regulador, y de respaldo de la estructura familiar

patriarcal. Conceptualizaciones, valoraciones y normas de naturaleza religiosa,

definen éticas y comportamientos, razones de existencia de la institución

doméstica en cuestión... Esta fuente religiosa genera principios de proyección

directa sobre la estructura familiar, donde regula la relación de los géneros,

explica la naturaleza de esta relación y la enclava dentro de la estructura social

global. (12).

La novela entonces pone en juego, un mundo posible, en el sentido

planteado por Thomas G. Pavel (13), en el que a través de los personajes

centrales, interactúan fuerzas e ideologías.

 

Evaluación axiológica de los universos guerreros

Las dos novelas en cuestión recrean un mundo cuasi/mitológico de soldados,

enfrentamientos, héroes de guerra, héroes políticos, causas e ideales que

justifican sacrificar todo a las armas... Pero es claro que su intención es evaluar

estética y éticamente tanto las fuerzas, como las relaciones recreadas. Ambas

novelas, escritas por mujeres, realizan esta evaluación por un mecanismo similar

y ambas terminan condenando radicalmente, sin remisión, la fuerza bruta de la

guerra, fuerza unida irremediablemente al patriarcado.

En ambas narraciones se ficcionaliza a partir de realidades históricas

colombianas concretas. En los mundos construidos y en las historias contadas:

... se nos abre claramente un espacio de juego entre el significado manifiesto

y el latente. Este espacio de juego es lo que convierte a la ficcionalidad literaria

en una matriz generadora de significado. Desde este momento lo que se dice y lo

que se quiere decir puede combinarse de distintas maneras y, dependiendo de

cómo se vincule, irán surgiendo de un modo imparable nuevos significados,

tanto a partir del significado manifiesto como del latente (14).

 

Y es a través de este juego de significaciones como las novelas realizan la

evaluación citada.

Catalina y Viva Cristo Rey, proceden, como ya dije, de Santander, una

región en la que se ha vivido con particular intensidad la conflictividad del país

y un ámbito cultural en el que el patriarcalismo colombiano es más obvio y

férreo que en otros. Son novelas escritas con treinta años de diferencia, treinta

años en los cuales la mirada crítica sobre el país se agudiza y treinta años en los

cuales la mirada femenina se desarrolla. Sin embargo, me llama la atención una

fuerte similitud de algunos aspectos en las dos obras.

Ambas novelas, en la construcción de su mundo, y en el desarrollo de su

acontecer, establecen según el doble juego de significaciones del que hablamos

una clara y decidida relación entre dos universos:

Universo A Universo B

Espacio Doméstico Espacio Público

Unidad Familiar Plaza Pública

Relaciones matrimoniales Relaciones Políticas

y de Género Mundo de la Guerra

Entre estos dos universos se mueven los personajes de las dos novelas. En

el caso de la obra de Elisa Mujica, las mujeres permanecen en el universo A y los

hombres en el B, aunque estos últimos por supuesto, también participan del

mundo doméstico. En la obra de Silvia Galvis hombres y mujeres se mueven de

un espacio a otro.

Desde la confrontación de los dos espacios, la propuesta novelística invalida

y critica el universo B. Samuel Figueroa, uno de los personajes centrales de

Catalina, es un héroe de la batalla de Palonegro, en ella fue herido y por ella fue

condecorado. Figueroa es un guerrillero liberal, con honores militares en la

guerra de los Mil Días... Sin embargo, Figueroa no califica ni como esposo, ni

como amante, ni como administrador de los bienes familiares. En el espacio

doméstico muestra su incapacidad y a causa de riñas pasionales termina

asesinado. Su ambición devela intereses ruines. La trama y la evaluación del

punto de vista narrativo, traslucen la sospecha que esa misma ambición y

ruindad estén presentes en sus opciones políticas y guerreras.

Igual pasa con Tomás Aguirre, héroe de los ejércitos del libertador. Su

esposa María Corazón, descubre que sus ideales pueden no ser entendidos ni

compartidos por otros muchos entre los campesinos y el pueblo... a partir de

allí, ella entiende que la justeza de esas causas puede ponerse en duda. Al

traicionar la ideología de su esposo, ella está sembrando la sospecha de que

otros caminos son posibles y tal vez sean mejores. Tomás muere, y el hijo de

ambos, va a ser sustraído definitivamente de la influencia militar por parte de su

madre.

 

El caso de la otra novela es aún más claro en este sentido. Los patriarcas

liberales y conservadores, aliados con la Iglesia, atropellan no sólo a las mujeres,

sino a sus propios sueños e ideales, cuando los intereses económicos así lo

ameritan. Igualmente Alejo Coronado, no califica ni como esposo, ni como

amante, ni como padre... y termina por brindar y amigar con los conservadores

en el Congreso. Rosalía Plata, quien en la juventud dio su vida por él y quien lo

siguió radicalmente en sus ideales, termina por expulsarlo de su corazón y de su

vida. Rosalía teje, en su finca de Tierragrata, un universo armónico en el que se

repone de las desilusiones por batallas ganadas y perdidas, un universo en el

cual, una joven maestra siembra sentimientos y valores distintos, y un par de

amigas asumen la vida como solidaridad fundamental. De ese universo, los

hombres como Alejo Coronado, están expulsados y excluidos.

Otro hecho para destacar, es el que ambas protagonistas: Catalina y Rosalía, quieren llevar a la práctica sus ideales: Catalina comparte su fortuna con María

Amalia, su media hermana natural y Rosalía, reparte entre los campesinos parte

de sus tierras baldías. Las mujeres no separan los ideales abstractos de su vida

y quehaceres cotidianos, sin embargo esto las aísla y las sitúa en desventaja en

el universo guerrero/patriarcal, en el cual los supuestos ideales sirven para

mover pasiones y generar odios, más no para transformar realidades.

En estos textos, escritos ambos no sólo por mujeres, sino con mirada de

mujer, se realiza muy concretamente, lo señalado por Elvira Sanchez-Blake, en

su investigación sobre mujer y guerra en Colombia:

Yo sostengo que los conceptos mujer y patria se entrelazan entre sí alrededor

del concepto de cuerpo. Es decir que el cuerpo obra como el eje alrededor del

cual gira la conciencia política y la búsqueda de identidad de la mujer. El cuerpo

es un instrumento de poder, pero lo es también de resistencia, es un sitio de

intimidación, pero lo es también de agresión; es el objeto de encarnizamiento de

la violencia, y es igualmente la permanencia, la memoria de los que mueren o

desaparecen. El cuerpo es, por extensión, la referencia con la patria, entendida

como pertenencia e identidad. Es a través del cuerpo que se da la búsqueda de

identidad de la mujer... (15).

Por ello, tanto Catalina y María Corazón, como Rosalía Plata y Visitación

Jinete, terminan por no volver a creer en sus hombres y en sus múltiples y

eternas batallas. Porque ellas perciben esas batallas distintas y falsas desde la

cotidianeidad de sus relaciones, de sus sentimientos, de sus vidas familiares y

de sus cuerpos. Tanto Mujica como Galvis, develan el funcionamiento del

 

sistema patriarcal, que preside en nuestro país, las guerras, la plaza pública, la

vida familiar y la iglesia: Las guerras múltiples y continuas son una pieza más de

este universo tejido sobre la exclusión, el dolor y la violencia.

 

 

NOTAS:

(1) Ospina, William. Las auroras de la sangre. Bogotá: Editorial Norma, 1998. Pág. 20.

(2) Hickey, Leo. Realidad y experiencia de la novela. Madrid: CUPSA Editorial,

1978. Pág. 78 – 79.

(3) Pupo-Walter, Enrique. La vocación literaria del pensamiento histórico en América.

Madrid: Editorial Gredos, 1982.

(4) Bruner, Jerome. Realidad mental y mundos posibles. Barcelona: Editorial Gedisa.

1987. Pág. 46.

(5) Mujica, Elisa. Catalina. Bogotá: Edición del Ministerio de Cultura. 1998.

(6) Galvis, Silvia. Viva Cristo Rey. Bogotá: Editorial Planeta. 1991.

(7) White, Hayden. El contenido de la forma. Barcelona: Editorial Paidós. 1987

(8) Gutiérrez de Pineda, Virginia y Vila de Pineda, Patricia. Honor, familia y sociedad

en la estructura patriarcal. El Caso de Santander. Bogotá: Edición de la

Universidad Nacional de Colombia, 1992. Pág. 59/60.

(9) Mujica, Elisa. Catalina. Obra citada. Pág. 91.

(10) Gutiérrez de Pineda / Vila de Pineda. Obra citada. Pág. 43.

(11) Daroqui, María Julia. Las pesadillas de la historia en la narrativa puertoriqueña.

Caracas: Monte Avila Editores, 1990. Pág. 25.

(12) Gutiérrez de Pineda / Vila de Pineda. Obra Citada. Pág. 117.

(13) Pavel, Thomas G. Mundos de ficción. Caracas: Monte Avila Editores. 1991

(14) Iser, Wolfang. La ficcionalización: dimensión antropológica de las ficciones

literarias, en: AA.VV. Teorías de la ficción literaria. Compilación de Antonio

Garrido Domínguez. Madrid: ARCO / LIBROS. 1997.

(15) Sánchez-Blake, Elvira. Patria se escribe con sangre. Libros de la Revista.

Barcelona: Anthropos, 2000. Pág. 11.

 

Carmiña Navia Velasco

Es profesora titular de la Universidad del Valle. Directora del centro cultural

popular Meléndez, Cali. Ha sido profesora de teología en varias instituciones.

Magistra en Lingüística, Universidad del Valle, Magistra en Teología,

Universidad Javeriana (Bogotá/Cali). Realizó el Diplomado de especialización

en lengua y literatura españolas, Instituto Iberoamericano de Cooperación,

Madrid, España. Es Autora de Poemas de Otoño(1992), La Mujer Protagonista

en la Literatura Colombiana (1992), La Poesía y el Lenguaje Religioso (1998),

De Sobremesa: Lecturas Críticas (1998, En Colaboración), La Biblia Interpela

la Ciudad (2000), Guerra y Paz en Colombia: Miradas de Mujer (2003).

 

 

Universidad del Valle, Facultad de Humanidasdes, Escuela de Estudios Literarios. Tel. 3212161. Cali, Colombia.