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Las guerras en Colombia,
una representación novelística
Carmina Navia Velasco
Resumen
El texto propone una lectura de la
representación narrativa, de las guerras colombianas, que realizan dos
novelas escritas por mujeres: Catalina de Elisa Mujica y Viva
Cristo Rey de Silvia Galvis. Muestra cómo en estas novelas se trabaja
sobre el trasfondo de las guerras de independencia, de la Guerra de los Mil
Días y de la violencia bipartidista de principios y mediados del siglo XX.
Muestra igualmente cómo se contraponen el universo femenino, con el universo
guerrero, invalidando este último.
Resumo
O texto propõe uma leitura da
representação narrativa das guerras colombianas que realizam dois romances
escritos por mulheres: Catalina de Elisa Mujica e Viva Cristo Rey
de Silvia Galvis; muestra também como nesses romances se trabalha o
transfundo das guerras da independência, da guerra dos mil dias e da
violencia bipartidária do principio e meados de século XX. Igualmente nos
deixa ver como o universo feminino acaba por invalidar o universo guerreiro
quando se contrapõem.
Abstract
The
text proposes a reading of the narrative representation of the Colombian
wars elaborated in two novels written by women: Catalina by Elisa
Mujica and Viva Cristo Rey by Silvia Galvis. It shows how these
novels occur against the backdrop of the wars of independence, of the
Thousand Day War and of the partisan violence of the early and mid Twentieth
Century. In addition, it shows how the female universe contrasts with the
universe of war, invalidating the latter.
Las guerras en Colombia,
una representación novelística
La relación entre literatura e
historia, nunca ha sido puesta en duda o cuestionada seriamente. Desde los
orígenes mismos de la cultura occidental en el mundo griego, la literatura
se ha nutrido de los acontecimientos históricos y la historia a su vez, se
ha nutrido de las formas narrativas propias de lo poético. Esta dialéctica
entre los acontecimientos y la poesía, es recordada por William Ospina: Las
más grandes hazañas pierden su lustre sino se las amoneda en firmes
palabras, dice un rey nórdico
en algún relato de Borges y en la Odisea Homérica leemos aquella célebre
sentencia: Los dioses labran desdichas para que a las generaciones humanas no les
falte que cantar.
No hay episodio trascendental de la historia que no haya
dejado un eco en la música verbal de su tiempo o de los tiempos ulteriores.
(1).
En las últimas décadas del
siglo XX y primeros años del XXI, esta mutua relación ha cobrado vigencia y
se ha convertido, tanto en nuevas formas de experimentación en la
novelística y en la narración histórica, como en objeto de
estudio de las teorías
literaria e histórica.
La poesía se constituye en una
fuente de conocimiento y cuando el pasado nos interroga y nos angustia con
su hermetismo, la novela siempre nos ha ayudado a su comprensión. La poesía
o la novela nos guían a través de bosques oscuros persiguiendo una luz:
Todo en la ficción está
ordenado y reordenado con vistas a la percepción,
siendo la novela un ente
epistemológico puro... La ficción es realidad comprimida,
realidad autoexplicativa,
realidad que es y se hace saber, al mismo tiempo... La
ficción nos ofrece cada cosa
rodeada de claves y pistas, indicaciones, en cuanto
a su sentido... (2).
En este sentido la tradición
latinoamericana ha recurrido siempre a la mutua
iluminación entre historia y
ficción, estableciendo entre ambas un corredor de
ida y vuelta, como lo explica
muy bien, Enrique Pupo-Walter en su texto sobre
la vocación literaria de la
historia en el subcontinente (3).
Colombia y su tradición
literaria no ha sido una excepción en esta dinámica
generalizada. Desde que Juan
de Castellanos, escribe su extensa narración
poetizada: Elegías de
varones ilustres de Indias, hasta estos momentos, en los
que Silvia Galvis publica su
extensísima obra: Soledad, conspiraciones y
suspiros,
los discursos literario e histórico se mezclan y confunden,
diferenciándose y
enriqueciéndose mutuamente. El profesor Gonzalo España,
ha encontrado, a lo largo de
su investigación en curso, veinticinco novelas que
recrean las múltiples guerras
colombianas, durante los siglos XIX y XX.
Es mi intención en este
artículo, revisar cómo se han dado las relaciones
entre Guerra y Narrativa, en
dos novelas concretas, ambas de pluma femenina:
Catalina
de Elisa Mujica (1963) y Viva Cristo Rey de Silvia Galvis (1991).
Quiero de un lado destacar esa
relación entre ficción e historia de la que he
venido hablando, y de otro,
mostrar cómo esa representación tiene en la mirada
de mujer
un elemento crítico enriquecedor.
Parto de la convicción de que
autores y autoras evalúan la historia y las
relaciones genérico/sociales
desde sus propuestas novelísticas, porque:
La aplicación imaginativa de
la modalidad narrativa produce, en cambio
buenos relatos, obras
dramáticamente interesantes, crónicas históricas creíbles
(aunque no necesariamente
verdaderas). Se ocupa de las intenciones y acciones
humanas y de las vicisitudes y
consecuencias que marcan su transcurso...
... el acto de crear una
narración de una clase determinada y con una forma
determinada, no tiene por
objeto suscitar una reacción estándar, sino recuperar
lo más adecuado y
emocionalmente vivo, del repertorio del lector. De modo que
la gran narración
consiste inevitablemente, en abordar conflictos humanos que
resulten accesibles a los
lectores... (4).
De esta manera, las novelas
ofrecen una mirada sobre acontecimientos y
pasiones, que ayudan en la
comprensión de la dinámica histórica.
Las novelas
Elisa Mujica, escritora
bumanguesa, nacida en 1916, publica en 1963 en
España, su novela Catalina
(5), resaltada, como significativa e importante, por
el jurado del Premio Nacional
de Literatura ESSO. Se trata de una novela madura
y estéticamente muy lograda,
cuya estructura la sitúa entre las literariamente
más significativas del país,
aunque ello no se haya correspondido con su cuasi/
clandestina circulación.
Catalina
es una novela amplia y compleja, cuya primera intención es centrar
la mirada en la vida de una
mujer de provincia, y en sus diversos y múltiples
cautiverios, en la Colombia de
principios del siglo XX. La narración articula
permanentemente dos universos:
el mundo doméstico y privado de las relaciones
entre hombres y mujeres... y
el mundo público de las relaciones políticas y
económicas que se juegan
principalmente entre los varones. Desde esta
perspectiva la novela hace
referencia a dos guerras: la llamada Guerra de los
mil días,
en los umbrales del siglo XX, y las Guerras de la Independencia, en
las que se focaliza al
ejército libertador. La novela a partir de una genealogía
femenina, propone una mirada a
la tradición guerrera del país.
Como dije, la novela de Mujica
es compleja y el cuadro presentado en ella
quiere dar cuenta cabal de la
situación de la mujer en medio de esas formaciones
sociales patriarcales: el país
naciente, la hacienda, la pequeña ciudad de
provincia. En medio de un
ambiente asfixiante, la narradora/protagonista nos
cuenta, cómo pasa su infancia
buscando la mirada aprobatoria del padre, mirada
que nunca le llega...
posteriormente muestra cómo traslada ese vacío a la
búsqueda de la mirada
aprobatoria del marido... y cómo finalmente intenta suplir
estas distintas orfandades en
la relación con su amante, relación que por otro
lado le deja más vacíos aún.
Desde este universo personal y
subjetivo la novela se abre hacia una mirada
evaluativa de los héroes y
soldados que configuraron nuestra nacionalidad y
sentaron las bases del nuevo
país. La guerra se instaura en el mundo novelístico:
sus objetivos, sus ideales
y sus consecuencias son puestas en cuestión.
Catalina,
la mujer que se atreve a ser infiel en esa pequeña ciudad de
provincia,
se atreve igualmente a
cuestionar la vocación a las armas que tienen los hombres
que la rodean o la han
precedido, este cuestionamiento ya lo había realizado su
abuela María Corazón,
quien termina descalificando a su marido/soldado.
En 1991, Silvia Galvis,
publica su novela Viva Cristo Rey (6). Galvis
igualmente bumanguesa, nos
entrega una obra bastante diferente de la anterior
y sin embargo muy en afinidad
con ella. La intencionalidad de la autora en esta
narración es mucho más
claramente histórica: Viva Cristo Rey, pretende
principalmente reconstruir un
universo político de hegemonías y guerras, quiere
mostrar las alianzas entres
los diferentes grupos de poder. Pero igualmente, su
mirada femenina, devela los
mecanismos patriarcales de esos universos y
alianzas, para mostrar cómo la
mujer en ellos permanece marginalizada y cautiva.
Silvia Galvis, mezcla en su
trayectoria como escritora, el trabajo histórico,
periodístico y narrativo. En
ella son obvias las intenciones de releer la historia
del país, para develar
sentidos ocultos. Su mirada es siempre crítica y evaluadora, tal como lo plantea White: Y esto sugiere que la
narrativa, seguramente en la narración fáctica y probablemente en la narración
ficticia también, está íntimamente relacionada con, sino está en función de,
el impulso a moralizar la realidad, es decir, a identificarla con el sistema
social que está en la base de cualquier moralidad imaginable (7).
Desde esta perspectiva, su
novela quiere re/evaluar más de medio siglo de
historia nacional, develando
los hilos ocultos que la conducen. Los dos
protagonistas de la narración,
Alejo y Rosalía, quieren representar tipos de
comportamientos e ideologías,
quieren mostrar un país que se cierra sobre sí
mismo y que ahoga en esos
círculos muchas posibilidades de vida. El fracaso
de su amor, es el fracaso de
un cierto tipo de patria, de un proyecto de nación,
que los hombres han querido
construir en medio de sus enfrentamientos e
hipocresías. Rosalía se opone
no sólo a los permanentes devaneos amorosos
de Alejo, sino a su cinismo
político.
Ambas novelas son
santandereanas, lo que remite a un microcosmos cultural
específico. En el trabajo de
Silvia Galvis es sin embargo, en el que queda más
claro el universo
santandereano, en el cual el patriarcado y sus códigos del
honor,
se construyen con un pilar en lo político y otro en lo religioso eclesial:
En los niveles políticos, la
personalidad en el poder, o la que en su concepción
fanática posee la verdad y/o
bendición del Altísimo, convierte un roce personal
en una contienda colectiva.
Las ideas se exponen en forma agresiva de reto,
contando con el respaldo de
copartidarios. El otro bando de similar militancia
agresiva, recoge la ofensa,
“saca la cara” y aguarda el instante de vindicarla,
creándose en la comunidad un
clima de latente violencia, que al menor roce
explota en lucha abierta.
Si se proyecta el historial
de conflictos políticoreligiosos
de Santander, en el siglo
pasado se ve un continuum de hechos
que enlazan con los de este
siglo.
(8).
Las guerras
Si entrelazamos las dos
novelas, tenemos como resultado la representación
de una dinámica de guerras no
sólo extensa en el tiempo, sino interminable en
su dialéctica. En Catalina,
a través de María Corazón, la abuela de la
protagonista, asistimos a los
acontecimientos que preceden y rodean la
Convención de Ocaña
(1828), a las campañas del Libertador y a las
consecuencias de los
enfrentamientos entre Santander y Bolívar. Posteriormente
el esposo de la misma
protagonista es presentado como uno de los héroes de la
batalla de Palonegro
(1900). En el transcurso de esta misma guerra de los Mil
Días,
nace el protagonista de la novela Viva Cristo Rey, nace mientras su
padre
está en la guerra. Este
protagonista va a librar distintas batallas y enfrentamientos políticos y armados, en las
primeras décadas del siglo XX. Y la novela termina, precisamente, cuando se
escuchan en la radio las violencias que rodean nuestro 9 de Abril
(1948). Entre las dos obras narrativas, dan cuenta de más de un siglo en que las armas terminan
siempre por imponer su lógica.
La guerra en la novela de
Elisa Mujica, es de cierta manera un tema y una
realidad marginal, pero no por
ello deja de estar presente con su fuerza
permanentemente nefasta. María
Corazón, la abuela de Catalina Aguirre, vive
una apasionada historia de
amor, con el general Tomás Aguirre, miembro de los
ejércitos de Bolívar, con
quien se casa y tiene un hijo. María Corazón participa
siempre de los ideales
revolucionarios de su esposo y apoya su contínua
permanencia en los oficios
militares. Ella asume su destino sin cuestionarlo: las
mujeres y los hijos permanecen
en la hacienda y en el pueblo, mientras los
hombres inician y desarrollan
siempre nuevas batallas... su destino como mujer
es apoyar las empresas
guerreras de su hombre.
Sin embargo, en una de las
vueltas del camino, María Corazón se da cuenta
de lo absurdo de este guerrear
permanente:
Una vez María Corazón se
enteró de que a un compañero de Tomás lo
habían apresado los
contrarios. Lo fusilaron al pie de la ceiba de la plaza contra
la que ensayaban su puntería
unos soldados borrachos...
... Tomás se fue a reanudar la
campaña, pero Delfina le contó a su amiga:
El guerrillero fusilado tenía
muchos crímenes sobre sus espaldas. En una
ocasión llegó a una hacienda
donde no había sino campesinos, acusados de
suministrar víveres al
enemigo. Ordenó reunirlos frente a la casa, dio orden de
disparar y luego escapó con su
gente. Al otro día los que pasaron por el camino
recogieron los cadáveres...
María Corazón no había pensado
que los otros podían también esgrimir
argumentos para justificar su
lucha. Saberlo fue como cometer la primera
traición, no contra su
partido, sino contra Tomás.
Desde ese día decidió que su
hijo Lorenzo no seguiría la carrera de las
armas... la aterrorizaba
entregarlo a esa fuerza, y lo alejaba con disimulo mientras
los hombres hablaban...
Su hogar se hallaba a punto de
desbaratarse y ella ya no estaba unida a su
marido... Cada uno luchaba
dispuesto a apoderarse del porvenir de su hijo. La
noche en que Tomás, después de
su vida violenta, cerró duramente los ojos en
paz y en los brazos de María
Corazón, esta se alegró en medio de la pena.
Había librado para siempre a
Lorenzo del peligro de ser soldado.
(9).
La amistad entre estas dos
mujeres, Delfina y María Corazón, permite a esta
última comprender que la
verdad no está siempre de uno de los dos lados de los
ejércitos enfrentados y que
por el contrario, la guerra atropella con su injusticia
y su pasión arrebatadora a
unos y otros. Lorenzo, el hijo de María Corazón
seguirá efectivamente, otros
rumbos muy diferentes.
La novela continúa mirando, un
poco desde lejos, las guerras reales y
posibles que azotan los campos
y ciudades en ese fin de siglo: “El cansancio
acumulado por tantas guerras
era como un temible viejo sentado encima de
todos oprimiéndonos los
huesos”,
dice uno de los protagonistas, en un momento
de reflexión. Samuel Figueroa,
el marido de Catalina, encarna en la obra a los
rebeldes liberales que se
levantaron contra el gobierno, en la guerra de los Mil
Días. Su prestigio entre
las gentes de su partido, le viene dado de haber sido
uno de los heridos en la
célebre batalla histórica de Palonegro, batalla cuya
pérdida determinó en últimas
el triunfo de la tropas gubernamentales.
Figueroa cuenta en la
narración, cómo inmediatamente después de recibir
su grado de derecho en Bogotá,
se alista con los ejércitos liberales. Su relato
explica que los colombianos
nacen divididos en dos y cada uno sabe, su sangre
de qué lado lo ubica. Es
necesario responder a ese destino de la sangre. Leída
desde el punto de vista de
este actor, la novela cuenta el ascenso social y
económico de Samuel Figueroa,
desde su condición oscura y humilde de
estudiante bogotano, hasta
constituirse en el marido y por tanto dueño de una
de las más ricas herederas de
Bucaramanga.
Este héroe de guerra,
herido en una de las batallas más famosas de la eterna
contienda colombiana, forja su
destino, en medio de traiciones e hipocresías:
se casa por dinero y se
muestra incapaz de mantener el amor de su esposa, su
ambición lo lleva a
atravesarse en el camino de la justicia que su esposa quiere
llevar a cabo y finalmente su
amor por el dinero lo conduce a la muerte en medio
de un duelo pasional, en el
que nuevamente las armas dirimen el conflicto. La
guerra en este sentido, en la
novela, está presente para develar el carácter y la
trayectoria de uno de sus
protagonistas.
Los enfrentamientos y las
guerras en la obra de Silvia Galvis son trabajados
de otra manera. Viva Cristo
Rey, configura una parábola del destino de muerte
de los y las colombianas, a
través de las relaciones establecidas en dos pueblos
vecinos, que se fundaron de
forma autónoma, precisamente por estar
atravesados por ese destino:
Himeneo y Onán. En estos territorios, en cuanto
síntesis de Colombia entera,
liberales y conservadores se enfrentan, se
traicionan, se agreden y se
matan sin tregua.
La narración profundiza, desde
distintos puntos de vista, estas dinámicas
de conflicto y, sobre todo,
quiere poner de manifiesto la participación de la
religión católica en los odios
que llevan a los colombianos y colombianas a
negarse permanentemente los
unos a los otros. Por ello los acontecimientos
tienen lugar en los dos
pueblos mencionados, en Bogotá la capital, y además
en un convento/internado para
jóvenes. Desde este convento y desde las
respectivas parroquias, la
iglesia católica a través de los curas ordena un
universo de exclusiones,
miedos y condenas permanentes. Estructural y
narrativamente la obra
representa una dinámica social, en la que muy claramente:
...Un sesgo conceptual se
estableció desde entonces, asignándose un bando
el honor de defensor de la fe,
poseedor de la verdad, y se signó al otro como ateo,
anticlerical, librepensador,
el malo de la colectividad, denuestos que se
convirtieron en bandera
ideológica para aglutinar y empujar a las vindictas
civiles de tanto auge en el
suelo santandereano en el pasado siglo y en el que
transcurre. Esta clasificación
político-religiosa aisló de su fe, hasta el presente,
a numerosos grupos de
población. (10)
Silvia Galvis, más de medio
siglo después, relee la historia de su propio
terruño, para poner al
descubierto los hilos ocultos de comportamientos
violentos y guerreros. Su
novela se inscribe en la revisión de la historia, realizada
por las nuevas generaciones,
que quiere iluminar los enigmas del tiempo
presente, en tanto son fruto
del pasado:
La escritura actual
problematiza la historia desnudando los acontecimientos
sociales contemporáneos, como
parte de una dinámica en proceso, ni circular, ni
terminada. La ficcionalización
de estos hechos o períodos produce el efecto,
algunas veces, de una
desmitificación del pasado (11).
La novela, igualmente que
Catalina, pone en juego y contraposición
distintos universos: la
confrontación bélica, la plaza pública y arenga política,
las relaciones
intrafamiliares, las intimidades eclesiales, las relaciones entre
patrones y campesinos
pobres... Los patriarcas liberales y conservadores, que
proponen ideales sublimes para
defender su recurso a las armas, son los mismos
que violan muchachas
campesinas que apenas entran a su adolescencia, cuyos
cuerpos, vírgenes aún, quedan
marcados por el horror tempranamente.
La intencionalidad de Silvia
Galvis en Viva Cristo Rey, es mostrar un cuadro
de relaciones cuya violencia
atraviesa múltiples niveles, pero se regula
íntegramente desde un núcleo
inamovible que reprime todos los interrogantes
o rebeldías: La institución
religiosa como reglamentación y como ideología ofrece un amplio marco
etiológico regulador, y de respaldo de la estructura familiar
patriarcal.
Conceptualizaciones, valoraciones y normas de naturaleza religiosa,
definen éticas y
comportamientos, razones de existencia de la institución
doméstica en cuestión... Esta
fuente religiosa genera principios de proyección
directa sobre la estructura
familiar, donde regula la relación de los géneros,
explica la naturaleza de esta
relación y la enclava dentro de la estructura social
global.
(12).
La novela entonces pone en
juego, un mundo posible, en el sentido
planteado por Thomas G. Pavel
(13), en el que a través de los personajes
centrales, interactúan fuerzas
e ideologías.
Evaluación axiológica de los
universos guerreros
Las dos novelas en cuestión
recrean un mundo cuasi/mitológico de soldados,
enfrentamientos, héroes de
guerra, héroes políticos, causas e ideales que
justifican sacrificar todo a
las armas... Pero es claro que su intención es evaluar
estética y éticamente tanto
las fuerzas, como las relaciones recreadas. Ambas
novelas, escritas por mujeres,
realizan esta evaluación por un mecanismo similar
y ambas terminan condenando
radicalmente, sin remisión, la fuerza bruta de la
guerra, fuerza unida
irremediablemente al patriarcado.
En ambas narraciones se
ficcionaliza a partir de realidades históricas
colombianas concretas. En los
mundos construidos y en las historias contadas:
... se nos abre claramente un
espacio de juego entre el significado manifiesto
y el latente. Este espacio de
juego es lo que convierte a la ficcionalidad literaria
en una matriz generadora de
significado. Desde este momento lo que se dice y lo
que se quiere decir puede
combinarse de distintas maneras y, dependiendo de
cómo se vincule, irán
surgiendo de un modo imparable nuevos significados,
tanto a partir del significado
manifiesto como del latente (14).
Y es a través de este juego de
significaciones como las novelas realizan la
evaluación citada.
Catalina
y Viva Cristo Rey, proceden, como ya dije, de Santander, una
región en la que se ha vivido
con particular intensidad la conflictividad del país
y un ámbito cultural en el que
el patriarcalismo colombiano es más obvio y
férreo que en otros. Son
novelas escritas con treinta años de diferencia, treinta
años en los cuales la mirada
crítica sobre el país se agudiza y treinta años en los
cuales la mirada femenina se
desarrolla. Sin embargo, me llama la atención una
fuerte similitud de algunos
aspectos en las dos obras.
Ambas novelas, en la
construcción de su mundo, y en el desarrollo de su
acontecer, establecen según el
doble juego de significaciones del que hablamos
una clara y decidida relación
entre dos universos:
Universo A Universo
B
Espacio Doméstico Espacio
Público
Unidad Familiar Plaza Pública
Relaciones matrimoniales
Relaciones Políticas
y de Género Mundo de la
Guerra
Entre estos dos universos se
mueven los personajes de las dos novelas. En
el caso de la obra de Elisa
Mujica, las mujeres permanecen en el universo A y los
hombres en el B, aunque
estos últimos por supuesto, también participan del
mundo doméstico. En la obra de
Silvia Galvis hombres y mujeres se mueven de
un espacio a otro.
Desde la confrontación de los
dos espacios, la propuesta novelística invalida
y critica el universo B.
Samuel Figueroa, uno de los personajes centrales de
Catalina,
es un héroe de la batalla de Palonegro, en ella fue herido y por ella fue
condecorado. Figueroa es un
guerrillero liberal, con honores militares en la
guerra de los Mil Días...
Sin embargo, Figueroa no califica ni como esposo, ni
como amante, ni como
administrador de los bienes familiares. En el espacio
doméstico muestra su
incapacidad y a causa de riñas pasionales termina
asesinado. Su ambición devela
intereses ruines. La trama y la evaluación del
punto de vista narrativo,
traslucen la sospecha que esa misma ambición y
ruindad estén presentes en sus
opciones políticas y guerreras.
Igual pasa con Tomás Aguirre,
héroe de los ejércitos del libertador. Su
esposa María Corazón, descubre
que sus ideales pueden no ser entendidos ni
compartidos por otros muchos
entre los campesinos y el pueblo... a partir de
allí, ella entiende que la
justeza de esas causas puede ponerse en duda. Al
traicionar la ideología de su
esposo, ella está sembrando la sospecha de que
otros caminos son posibles y
tal vez sean mejores. Tomás muere, y el hijo de
ambos, va a ser sustraído
definitivamente de la influencia militar por parte de su
madre.
El caso de la otra novela es
aún más claro en este sentido. Los patriarcas
liberales y conservadores,
aliados con la Iglesia, atropellan no sólo a las mujeres,
sino a sus propios sueños e
ideales, cuando los intereses económicos así lo
ameritan. Igualmente Alejo
Coronado, no califica ni como esposo, ni como
amante, ni como padre... y
termina por brindar y amigar con los conservadores
en el Congreso. Rosalía Plata,
quien en la juventud dio su vida por él y quien lo
siguió radicalmente en sus
ideales, termina por expulsarlo de su corazón y de su
vida. Rosalía teje, en su
finca de Tierragrata, un universo armónico en el que se
repone de las desilusiones por
batallas ganadas y perdidas, un universo en el
cual, una joven maestra
siembra sentimientos y valores distintos, y un par de
amigas asumen la vida como
solidaridad fundamental. De ese universo, los
hombres como Alejo Coronado,
están expulsados y excluidos.
Otro hecho para destacar, es
el que ambas protagonistas: Catalina y Rosalía, quieren llevar a la práctica
sus ideales: Catalina comparte su fortuna con María
Amalia, su media hermana
natural y Rosalía, reparte entre los campesinos parte
de sus tierras baldías. Las
mujeres no separan los ideales abstractos de su vida
y quehaceres cotidianos, sin
embargo esto las aísla y las sitúa en desventaja en
el universo
guerrero/patriarcal, en el cual los supuestos ideales sirven para
mover pasiones y generar
odios, más no para transformar realidades.
En estos textos, escritos
ambos no sólo por mujeres, sino con mirada de
mujer, se realiza muy
concretamente, lo señalado por Elvira Sanchez-Blake, en
su investigación sobre mujer y
guerra en Colombia:
Yo sostengo que los conceptos
mujer y patria se entrelazan entre sí alrededor
del concepto de cuerpo.
Es decir que el cuerpo obra como el eje alrededor del
cual gira la conciencia
política y la búsqueda de identidad de la mujer. El cuerpo
es un instrumento de poder,
pero lo es también de resistencia, es un sitio de
intimidación, pero lo es
también de agresión; es el objeto de encarnizamiento de
la violencia, y es igualmente
la permanencia, la memoria de los que mueren o
desaparecen. El cuerpo es, por
extensión, la referencia con la patria, entendida
como pertenencia e identidad.
Es a través del cuerpo que se da la búsqueda de
identidad de la mujer... (15).
Por ello, tanto Catalina y
María Corazón, como Rosalía Plata y Visitación
Jinete, terminan por no volver
a creer en sus hombres y en sus múltiples y
eternas batallas. Porque ellas
perciben esas batallas distintas y falsas desde la
cotidianeidad de sus
relaciones, de sus sentimientos, de sus vidas familiares y
de sus cuerpos. Tanto Mujica
como Galvis, develan el funcionamiento del
sistema patriarcal, que
preside en nuestro país, las guerras, la plaza pública, la
vida familiar y la iglesia:
Las guerras múltiples y continuas son una pieza más de
este universo tejido sobre la
exclusión, el dolor y la violencia.
NOTAS:
(1) Ospina, William. Las
auroras de la sangre. Bogotá: Editorial Norma, 1998. Pág. 20.
(2) Hickey, Leo. Realidad y
experiencia de la novela. Madrid: CUPSA Editorial,
1978. Pág. 78 – 79.
(3) Pupo-Walter, Enrique.
La vocación literaria del pensamiento histórico en América.
Madrid: Editorial Gredos,
1982.
(4) Bruner, Jerome.
Realidad mental y mundos posibles. Barcelona: Editorial Gedisa.
1987. Pág. 46.
(5) Mujica, Elisa. Catalina.
Bogotá: Edición del Ministerio de Cultura. 1998.
(6) Galvis, Silvia. Viva
Cristo Rey. Bogotá: Editorial Planeta. 1991.
(7) White, Hayden. El
contenido de la forma. Barcelona: Editorial Paidós. 1987
(8) Gutiérrez de Pineda,
Virginia y Vila de Pineda, Patricia. Honor, familia y sociedad
en la estructura patriarcal.
El Caso de Santander. Bogotá: Edición de la
Universidad Nacional de
Colombia, 1992. Pág. 59/60.
(9) Mujica, Elisa.
Catalina. Obra citada. Pág. 91.
(10) Gutiérrez de Pineda /
Vila de Pineda. Obra citada. Pág. 43.
(11) Daroqui, María Julia.
Las pesadillas de la historia en la narrativa puertoriqueña.
Caracas: Monte Avila Editores,
1990. Pág. 25.
(12) Gutiérrez de Pineda /
Vila de Pineda. Obra Citada. Pág. 117.
(13) Pavel, Thomas G.
Mundos de ficción. Caracas: Monte Avila Editores. 1991
(14) Iser, Wolfang. La
ficcionalización: dimensión antropológica de las ficciones
literarias, en: AA.VV.
Teorías de la ficción literaria. Compilación de Antonio
Garrido Domínguez. Madrid:
ARCO / LIBROS. 1997.
(15) Sánchez-Blake, Elvira.
Patria se escribe con sangre. Libros de la Revista.
Barcelona: Anthropos, 2000.
Pág. 11.
Carmiña Navia Velasco
Es profesora titular de la
Universidad del Valle. Directora del centro cultural
popular Meléndez, Cali. Ha
sido profesora de teología en varias instituciones.
Magistra en Lingüística,
Universidad del Valle, Magistra en Teología,
Universidad Javeriana
(Bogotá/Cali). Realizó el Diplomado de especialización
en lengua y literatura
españolas, Instituto Iberoamericano de Cooperación,
Madrid, España. Es Autora de
Poemas de Otoño(1992), La Mujer Protagonista
en la Literatura Colombiana
(1992), La Poesía y el Lenguaje Religioso (1998),
De Sobremesa: Lecturas
Críticas
(1998, En Colaboración), La Biblia Interpela
la Ciudad
(2000), Guerra y Paz en Colombia: Miradas de Mujer (2003).
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