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Dossier
Historia y Ficción |
Acceso y
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Ficción e
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Entre la
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literatura colombiana
Las guerras
en Colombia, una representación novelística
Historia y
Ficción en Los parias, novela de José María Vargas Vila
Veredas de
Diadorim: Tiempo, Ficción e Historia en la obra de Guimaraes Rosa
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Literatura y la Historia: Manuel Mejía Vallejo, vivo PorRicardo
Sánchez
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Veredas de Diadorim:
Tiempo, Ficción e Historia en la obra de Guimaraes Rosa1
SimoneAccorsi
Resumen
El texto es un análisis del tiempo
ficcional en el Gran Sertón: Veredas de Guimarães Rosa, el gran
clásico de la literatura brasilera. Rompiendo con la tradición
clásica de la narratología, Rosa teje su historia entrelazando los tiempos
en un “desorden” que representa una ruptura con los patrones literarios
tradicionales. La autora tiene un interés particular en el tiempo de la
neblina representado por Diadorim, un supra tiempo que atraviesa todos
los demás y que analiza bajo la perspectiva de las categorías de género.
Resumo
O texto é uma análise do tempo ficcional
no Grande Sertão: Veredas de Guimarães Rosa, o grande clássico da literatura
brasileira. Rompendo com a tradição clássica da narratologia, Rosa tece sua
estória entrelaçando os tempos numa “desordem” que representa uma ruptura
com os padrões literários tradicionais. A autora tem particular interesse no
“tempo da neblina” representado por Diadorim, um “supra tempo” que atravessa
todos os demais e que analisa sobre a perspectiva das categorias de gênero.
Abstract
The
text is an analysis of the fictional time in El Gran Sertón: Veredas
by Guimarães Rosa, the great classic of Brazilian literature. Breaking with
the classical tradition of narratology, Rosa weaves her story by interlacing
the times in a “disorder” that represents a rupture with traditional
literary patterns. The author has a particular interest in the time of
the mist represented by Diadorim, a “super-time” that cuts across all
the others and analyzes from the perspective of the categories of gender.
Palabras Claves
Guimarães Rosa
Literatura Brasilera
Gran Sertón Veredas
Key Words
Guimarães Rosa
Brazilian Literature
Gran Sertón Veredas
Palabras Claves
Guimarães Rosa
Literatura Brasilera
Grande Sertão: Veredas
1Este trabajo fue
presentado en el Seminario “Historia y Ficción en la Literatura”,realizado
por la Escuela de Estudios Literarios en septiembre 29 del 2003, y es un
avancedel proyecto de investigación Género y Creación en la Literatura
Brasilera: Veredas de Diadorim, registrado en la Vicerrectoría de
Investigaciones de la Universidad del Valle.
Veredas de Diadorim:
Tiempo, Ficción e Historia en la obra de Guimaraes Rosa
Gran Sertón: Veredas,
el clásico de los clásicos brasileros, es un sitio arqueológico inagotable
que te arrastra por caminos sinuosos como un juego de baraja que vierte y
revierte, ofreciéndose a la recepción como un verdadero mosaico donde la
narrativa se transforma en una serie de enigmas autónomos, algunas veces
adentrándose por caminos líricos, otras por caminos trágicos.
Una “fábula épica” sin mediación de las
musas. Pero si no existen musas ¿a quien cuenta Riobaldo su historia en una
interminable narración? Me explicaré: el diablo campea dentro del hombre, en
los repliegues del hombre; o es el hombre arruinado o el hombre hecho al
revés. Suelto, por sí
mismo, ciudadano, no hay diablo ninguno.
¡Ninguno! Es lo que digo. ¿Está de acuerdo? Dígalo todo, con franqueza: es
alta merced que me hace, y pedir puedo, encareciendo. Este caso -por muy
extravagante que me vea- es de mi verdadera importancia. Ojalá no lo
fuese... pero no me diga que usted, sesudo e instruido, cree en su persona.
¿No? ¡Se lo agradezco! Su alta opinión abona mi valía. Ya lo sabía, la
estaba esperando: ahora respiro. Ah, uno, en su vejez, necesita una brisa de
descanso. (GSV p. 15)
El “Doctor” que supuestamente es su
invitado y lo escucha, no interviene ni una sola vez, ¿Sería el propio
Guimarães Rosa? Médico de profesión, eligió pasar gran parte de su vida
haciendo medicina por los sertones lejanos, acompañando muchas veces a los
peones que llevaban el ganado. Ciertamente, Rosa ha estado durante muchas
noches alrededor de las fogatas bajo las lunas del Sertón, tomando notas en
sus famosos cuadernos, en una investigación monumental que culminó en la
obra cumbre de la literatura brasilera: Gran Sertón: Veredas.
¿Ficción o historia? ¿Poesía, prosa o
narrativa poética? ¿Reproducción literal del sociolecto hablado en el
interior del Brasil o un discurso erudito apoyado en las fuentes vernáculas
del habla de su gente, detenido en los tiempos de la colonia? Estas son
algunas de las preguntas frecuentes que se hacen losestudiosos de su obra.
El Gran Sertón es todo eso a la vez, una narrativa poética, registro
inestimable de los mitos, leyendas y tradiciones del Sertón, contadas por un
hombre extremadamente culto que fue capaz de transformar todo eso en Ars
Poética, depurando el signo lingüístico, a fin de rescatar la energía
originaria del vocablo, expresando realidades profundas para llegar a la
poiesis perdida con el peso de los tiempos: Al principio, yo hacía y
revolvía, y pensar, no pensaba. No administraba el tiempo. Viví sacando lo
difícil de lo difícil, el pez vivo del asador: quien está a las duras no
fantasea. Pero ahora, con la holganza que se me llega y sin pequeños
desasosiegos, ando rumía que rumía y la he tomado el gusto a especular
ideas.
El diablo ¿existe y no existe? Doy mi
palabra. Abrenuncio. Estas melancolías. Usted puede verlo: existe la cascada
¿y entonces? Pero, una cascada es un barranco de tierra y agua cayendo por
él, retumbando; usted consume esa agua, o deshace el barranco, ¿queda algo
de la cascada?, Vivir es un negocio muy peligroso.” (GSV p. 15)
El viejo yagunzo Riobaldo, después de
muchos años, con la memoria ya obnubilada por el tiempo, narra la historia
de su encuentro con Reinaldo, cuyo padre, Joca Ramírez viejo líder sertanero,
fue asesinado por oponerse a las nuevas políticas pregonadas por una
naciente generación. Reinaldo, que más tarde confiesa en realidad llamarse
Diadorim, lo convence para vengar la muerte del viejo líder, por quien
Riobaldo había profesado siempre respeto y admiración.
El lenguaje en el Gran Sertón es
atemporal. El narrador asume que su contar no tiene ningún orden, como el
flujo de conciencia que va haciendo catársis de la memoria:
...¡Arre!
Que esa boca mía no tiene ningún orden…
Disculpa
me dé usted, de que estoy hablando demás, por los codos. Resbalo. Esto es lo
que hace la vejez. También, ¿qué es lo que vale y qué es lo que no vale?
Todo. Mire vea: ¿sabe por dónde es por donde no purgo remordimiento? Me
parece, lo que no lo deja es mi buena memoria. La lucecita de los santos
arrepentidos donde se enciende es en lo oscuro. Pero, yo, me acuerdo de
todo. Tuve grandes ocasiones en que yo no podía proceder mal, manque
quisiese. ¿Por qué? Dios viene, le guía a uno durante una legua, después se
larga. Entonces, todo queda peor que antes. Esta vida es de cabezabajo,
nadie puede medir sus pérdidas y cosechas. Pero cuento. Cuento para mí,
cuento para usted. Al cuando
bien no
me entienda, espéreme. (GSV p. 113)
Según el profesor Flavio Aguiar de la
Universidad de São Paulo, se podría, sin embargo hablar mínimamente de cinco
tiempos: el tiempo de los aprendizajes, el tiempo de yagunzo, el tiempo
del antiguo, el tiempo del futuro y el tiempo de las lecciones
atemporales, más un supra tiempo que atraviesa todos los
anteriores: el tiempo de la neblina. El tiempo de los aprendizajes
(en plural porque son varios) Riobaldo cuenta sobre su encuentro con el
amor que empieza por su madre, Bigri, y con el odio por Gramacedo, el hombre
que recibía los favores de la Bigri. En este tiempo aprende también a
manejar armas, a contemplar la naturaleza y a través de las enseñanzas de su
sabio compadre Quelemén, sigue buscando la respuesta a las preguntas: ¿El
diablo existe o no existe? ¿Es o no es? En lo real de la vida, las cosas
acaban con menos formato, ni siquiera acaban. Es mejor así. Pelear por lo
exacto, equivoca a la gente. Que no se quiera. Vivir es muy peligroso (GSV
p. 70)
¡Cada hora de cada día, uno
aprende una nueva clase de miedo! (GSV p. 71) Vengar, se lo digo a usted, es
lamer, frío, lo que otro guisó demasiado caliente. El demonio dice mil.
¡Ése! Vige pero no rige... ¿Cuál es nuestro camino derecho? Ni de frente ni
para atrás: sólo para arriba. O pararse en corto, quieto. Como los bichos
hacen. ¿Los bichos están solos y esperando mucho? Pero ¿quién sabe como?
Vivir...Ya lo sabe usted: vivir es etcétera... (GSV p. 76) El segundo
tiempo, el de yagunzo, ocurre cuando se transforma en peón a sueldo de los
poderosos hacendados locales. En ese tiempo conoce el Sertón que es
grande como el mundo, y tánto caminan por esa tierra del interior del
Brasil, que terminan desorientados en los confines del oeste, tan perdidos
en el espacio y en el tiempo que cuando uno de los habitantes de la región
pregunta de dónde vienen aquellos hombres, Ze Bebelo, un compañero,
contesta: “Oye, del Brasil amigo”. Vagan por tierras extrañas de extremo
abandono, de enfermedades y fiebres, asoladas por guerras intestinas donde
el progreso acosa el modus vivendi tradicional de los terratenientes,
quienes tienen todo el interés en que las cosas sigan
como siempre:
Nada más llegar allí, mi padrino Selorico Méndes me aceptó con grandes
bondades. Él era rico y tacaño, poseía tres haciendas de ganado. Aquí,
también fue suyo, la mayor de todas... De las cosas de negocio y uso, en lo
lidiante, tampoco hablaba casi. Pero le gustaba conversar, contaba casos.
Altas artes de yagunzos -eso lo amaba, constante- historias.
Ah, la vida vera es otra, de ciudadano del sertón., ¡Política! Todo política
y potentes jefaturas... Adelante, por ahí arriba, todavía un hacendero
crecido se reina mandador: todos dueños de dependientes valientes, pandillas
de criollos sobre el trabuco y la carabina escopetada. Domingo Toro, en el
Alambique, el mayor Urbano, en la Hacienda Macaza, los Silva Sales en la
Crondeúba... y tantos, tantos. En esto que en la extremidad de cada hacienda
desaparece y surge un camarada de centinela, que sobraza el palo de fuego y
vigila como una onza que come osamentas. Eih. Lo mismo en el barranco del
río, y si se baja aquel San Francisco, que aprueba, cada lugar es sólo de un
gran señor, con su familia general, sus yagunzos mil... (GSV p. 89)
Si nos proponemos
“desbarajar” los diferentes tiempos en la tesitura de la narración
encontramos también el tiempo del antiguo que permanentemente retorna
y se asocia con las historias del Imperio cuando había esclavitud y notables
señores que los torturaban. En ese tiempo están también los padres
misioneros extranjeros que llevan la catequesis al Sertón. Pobreza,
enfermedades, latifundismo y religión mezclados en el inicio de los tiempos.
El cuarto tiempo, o tiempo
del futuro, aparece relativamente poco en el Gran Sertón. Una
muestra es Zé Bebelo que quería elegirse diputado y en el
afán de construir su cacicazgo electoral
empieza a mostrar a la gente el poder del voto. El intento de llevar “el
progreso democrático” al Sertón, las luchas entre los viejos poderes y los
nuevos liderazgos son un eje importante en torno del cual se desarrolla el
relato. Lo que el Sertón podría ser y no es hace parte del discurso
del narrador y sirve de contrapunto a la realidad existente: es un futuro
cuestionado permanentemente en la novela. Este tiempo comparece también con
la ausencia, si tenemos en cuenta que el futuro de Riobaldo con Diadorim no
existió, transformándose en una herida que no cierra.
El tiempo de las lecciones atemporales
está
lleno de historietas que son moralejas ilustrativas de la vida del Sertón,
cuentos por ejemplo que ilustran como era común el caso de los curas que
tenían familia y casos más trascendentales como el del doctor Hilario,
inspector de policía que al ser interrogado sobre quién era la autoridad
ahí, señala a otro hombre, que acaba recibiendo una tremenda paliza, lo que
hace a don Habão llegar a la edificante conclusión: “otro puede ser uno,
pero uno no puede ser otro”. Sabidurías que son una especie de
Eclesiastés del Sertón.
Todos esos tiempos sin embargo están
atravesados por un supra tiempo o tiempo de la neblina, neblina
representada por Diadorim que está siempre presente durante todo el relato
de Riobaldo, el cual evoca también sus otros amores siguiendo el modelo de
la célebre dualidad, antigua, clásica entre la carne y espíritu,
dualidad cuestionada (como todo) en la obra de Rosa. Otacilia la dama
caballeresca inalcanzable, la Beatrice de Dante, la Laura de Petrarca, que
al final se vuelve Carne porque acaba casándose con Riobaldo. Nhorinhá la
prostituta y que debería ser símbolo de la carne en oposición al espíritu,
es descrita con una belleza poética increíble, envuelta en un aura de
poesía, porque es la que tenía “un aire de niña chiquita”. Miosotes y
Rosauarda, las flores de su iniciación masculina y María-da-Luz y Ortencia,
las últimas que estuvieron con él antes de su matrimonio, componen un
universo de siete mujeres que son clave para comprender la novela y los
valores del narrador, además, son la base fundamental de los ritos de
pasaje de la vida de nuestro personaje que nos lleva a otros
desdoblamientos en el tiempo, fundamentales para que podamos entrar a un
inmenso espacio simbólico de la novela.
Es ese, sin duda, el tiempo más
importante en la obra de Guimaraes Rosa que está marcada por el hecho de que
la lógica racionalista no es la única manera de aprehender lo real. Diadorim,
niña criada como hombre para poder sobrevivir en el Sertón masculino, fue el
eje de la vida de Riobaldo que se enamora del “amigo” sin saber que él
era mujer: ¿Diadorim era más odio que amor? Me acuerdo de él en esa
hora, en ese día tan marcado. ¿Cómo fue que no tuve un presentimiento? Usted
mismo, usted puede imaginar ver un cuerpo claro y virgen de muchacha, muerto
a mano, acuchillado, tinto de su
propia sangre y los labios de la boca decorados de blanco, los ojos de un
determinado estilo ¿medio abiertos medio cerrados? Y esa muchacha de quien
usted gustó, que era un destino y una sorda esperanza en su vida. ¡Ah
Diadorim...! Y tantos años ya se pasaron. Diadorim mi neblina. (GSV, 1958
pág. 182)
A partir de la década del 50,
los discursos estuvieron enmarcados dentro de vigorosas corrientes en pro de
los derechos de las minorías étnicas, culturales y sexuales. El advenimiento
de la antropología cultural nos muestra la existencia del otro que
vive y piensa diferente, cuyas prácticas, representaciones y sentires son
específicas. En el Brasil eran candentes las discusiones, movimientos y
manifestaciones públicas a favor de los homosexuales o de los derechos de la
mujer. Como parte de la intelligentsia brasilera Rosa también trae a
colación sus puntos de vista. Sin haber hablado una sóla vez sobre feminismo
o discurso de minorías el autor construye un relato donde un hombre acaba
por no avergonzarse de amar a otro hombre y las mujeres son capaces de
actuar en esferas antes vedadas a ellas:
El dilema en el que el
personaje se encuentra, resuelto apenas al final de la narrativa, despues de
la muerte de Diadorim, con la revelación de su verdadero sexo, lleva a
Riobaldo diversas veces a identificar su sentimiento con una fuerza
malévola, un acto del diablo. *...esta identificación en vez de revertir su
sentimiento de cierta magia, sirve apenas para enfatizar la dualidad del
protagonista -hombre dividido entre dos mundos: uno de orden mítico-sacral y
otro de orden lógico- racional (Coutinho 2001 p. 42).
El impase al que es conducido
Riobaldo se vuelve todavía más complejo si se tiene en cuenta el hecho de
que su ambigüedad encuentra una justificación objetiva en Diadorim,
personaje que engloba en su propia esencia los elementos contradictorios del
espíritu humano. La presencia de este personaje andrógino y dual es clave en
la construcción del relato ya que disloca el conflicto de la esfera
meramente subjetiva a un cuestionamiento general al respecto de la
naturaleza humana y de lo que se considera como “realidad”. ¿ No sería tal
vez esa la mejor manera de cuestionar las representaciones tradicionales de
los roles relativos a la feminidad y masculinidad?
En el Gran Sertón: Veredas
las mujeres son las que tienen en las manos el tiempo y la historia de
la vida y de los hombres. Rosa en ese viaje extraordinario por los mundos de
la cábala, la mística, la metafísica y las revelaciones, parece cimentar en
el espacio y tiempo no solo la historia de nuestra gente del común sino
también las vicisitudes históricas del pueblo brasilero. Al final ganó el
Sertón, tierra del olvido, que se volvió personaje universal a través de la
literatura.
En 1967 Rosa publicó su obra
maestra. Poco después fue elegido para la Academia Brasilera de Letras. En
su discurso dijo a los académicos que por tanto tiempo le habían cobrado esa
publicación, que no lo había hecho antes porque en una oportunidad una
gitana andariega que deambulaba por los sertones le había dicho que él
escribiría una obra cumbre de la literatura brasilera pero sin embargo se
moriría inmediatamente después.
Tres meses mas tarde el
escritor sufrió un infarto que lo mató instantáneamente. Una vez más, una
mujer, una gitana, “fina flor” y expresión de la cultura popular, había
tenido los secretos de la vida y de la muerte, en sus manos...
Bibliografía
Aguiar, Flavio. Grande
Sertão em linha reta, en: Outras Margens, Estudos da Obra de
Guimarães Rosa. Belo Horizonte: PUC Minas Brasil.
Autentica editora, 2001.
Beauvoir, Simone. Le Deuxième Sexe, Paris: Gallimard, 1949.
BosiI, Alfredo. Historia
Concisa de la Literatura Brasileña. México: Fondo de Cultura
Económica, 1982.
Butler, Judith. Gender Touble, Feminism and the Subversion of Identity.
New York:
Routledge, 1990.
Coutinho, Eduardo. Guimarães
Rosa e a Palavra Poética, en: Revista Range Rede, Dossie Guimarães Rosa,
Ensaios inéditos y outras prosas, Brasil: UFRJ Rio de Janeiro,. No.2 Año 2
1996. 7-17
Kant, Emmanuel.
Observaciones acerca de lo Bello y lo Sublime. México: Ed. Porrúa, 1978.
Rosa, João Guimarães.
Grande Sertão: Veredas.
Río de Janeiro: José Olympio, 1967 Scott, Joan W. Only Paradoxes to Ofter.
French Feminist and the Rights of
Man.
Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press, 1996.
Simone Accorsi
Directora de la Escuela de
Estudios Literarios de la Universidad del Valle, directora del Grupo de
Estudios Brasileros y miembro co-fundadora del Centro de Estudios de Género,
Mujer y Sociedad de la Universidad del Valle. Fue docente del Post-grado en
Educación en la Universidad de Santa Ursula de Río de Janeiro. Magíster en
Historia Andina de la Universidad del Valle en 1997. Completó varias
licenciaturas en Idiomas y Literaturas en la Universidad Federal Fluminense,
Río de Janeiro, Brasil. Ha publicado varios artículos. Co- compiladora de
los libros: Discurso, Género y Mujer (1994), Sujetos Femeninos y
Masculinos (2001), Género y Sexualidad en Colombia y Brasil
(2002). Publicó en el 2003 el libro Terra Brasilis, una
recopilación de investigaciones que ha realizado sobre el Brasil, su tierra
natal.
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