5. La violencia en la poesía de José Manuel Arango


Violence in the poetry of José Manuel Arango

 

Hernando Motato C.

 

Recibido: 2 de Agosto 2012. Aprobado: 12 de septiembre de 2012

 

 

 

Resumen

Este ensayo presenta al poeta José Manuel Arango y a su poesía, desde cómo son las imágenes de la violencia en su obra. Su poesía se ocupa de recrear la vida en la ciudad desde el drama, el encierro, la soledad, la muerte, temáticas muy diferentes a la visión idílica del campo, pues en este espacio se añora la vida tranquila y apacible, el campo se evoca, se añora con nostalgia.

 

Palabras clave: José Manuel Arango; Poesía colombiana.

 

Abstract

This paper presents the poet José Manuel Arango and his poetry from how are the images of violence in his work. His poetry deals with recreating life in the city from the drama, confinement, loneliness, death, very different from the idyllic vision of the thematic field, because in this area the leisure life yearns evoked field, longs wistfully.

 

Keywords: José Manuel Arango; Colombian poetry.

 

Empiezo con la referencia a un ensayo muy centrado sobre la violencia como expresión del hombre y sus conflictos con su entorno. Este escrito aparece en la Revista Universidad de Antioquia número 222 de octubre/diciembre de 1990; su autor es el profesor del Departamento de Psicología de la UDEA y la orientación de este ensayo es desde el psicoanálisis. Plantea que “bajo la “noción” de violencia se alude a un conjunto de fenómenos tan diversos, que aparece legítimo para casi todas las disciplinas y saberes” (p. 33) Por lo tanto, el título de esta disertación suena, en primera instancia, ambicioso, pero en la medida que se ubique el cómo son las imágenes de la violencia en la poesía de José Manuel Arango dicha inquietud puede pasar a un segundo plano. Pues bien, Juan Fernando Pérez, el autor de este ensayo sobre la violencia, señala que hay una diversidad o heterogeneidad sobre la noción de violencia y esto es precisamente lo que se recaba en la poesía de Arango, pues en ella dicha temática está representada por una serie de imágenes y metáforas de la ciudad, las calles en la soledad de la noche, las jóvenes que se ofrecen al mejor postor al hombre por la necesidad de una moneda o la indiferencia ante el cuerpo de una mujer, carcomido por los gallinazos. De este modo considero que la poesía de Arango penetra en los intersticios de una ciudad y en la complejidad del Ser. Pérez afirma que:

Es evidente que la violencia ha obsesionado a los hombres desde siempre; ha obsesionado todas las disciplinas, todas las formas del pensar (es la filosofía, es la literatura, es la poesía; son los guerreros, son los políticos, son los legisladores, son los sacerdotes, etc.). De diversas maneras, en todas las épocas, en todos los ámbitos y desde todas las disciplinas, la violencia se ha constituido en un tema esencial de su reflexión. (1990, p. 34)

 

Pues bien, tal parece que la poesía de Arango trasluce esa obsesión; pues el poeta lo hace desde el primer libro de poemas Este lugar de la noche (1973) en donde propone, un viaje por la ciudad durante la noche para que la lectura nos revele que, “la atmósfera de latente violencia de estos poemas ahonda las capas de sentido de “Madrugada”, donde vemos el deambular nocturno de una alegre pareja que, ajena a todo, tropieza con cuerpos tendidos” (Francisco José Cruz, 2009, p. 9) Efectivamente, desde el primer verso de este poemario ya anuncia ese ambiente que oscila entre festejo y violencia cuando dice: “Los hombres se echan a las calles/ para celebrar la llegada de la noche 2009, p.21) La noche propicia ese encuentro entre el peligro y el deseo, entre la mirada lasciva y la inocencia de la adolescente, entre el boato y la miseria, las cuales se pueden rotular en la temática de la violencia en la ciudad, de esa violencia que lacera el pensamiento y deja huellas en el Ser. Y sigue el poema con estos versos que se anudan a lo anterior. “donde las niñas que cruzan con la espalda desnuda/las miradas de los cajeros adolescentes” (p.21) y luego la violencia enfila sus aguijones contra la figura de la mujer, desde esa niña que invita a la lascivia y es devorada por la mirada de los hombres.

Ahora bien, si la violencia ha obsesionado a los hombres desde siempre, esta afirmación de Juan Fernando Pérez coincide con los planteamientos que expone el crítico y novelista chileno Ariel Dorfman en un libro, que para los años setenta fue muy visionario en las apreciaciones sobre la literatura latinoamericana del momento. Me refiero a Imaginación y violencia en América (1970) y en la introducción señala que tal parece que:

Lo esencial, entonces, no es comprobar el discutible peso de la temática de la violencia en nuestra realidad factual y literaria, sino desentrañar las formas específicas , múltiples, contradictorias y profundamente humanas, que esta temática presenta; mostrar cómo la violencia ha creado una cosmovisión que no se encuentra en ningún otro lugar; cómo el hombre americano ha enfrentado el problema de su muerte y su libertad y cómo derrotado o vencedor ha sabido buscar en la violencia a su ser más íntimo, su vínculo ambiguo o inmediato con los demás. (P .9)

 

Si bien, Dorfman enfoca la temática de la violencia a partir de la narrativa y de ello da cuenta en los ensayos sobre la novela Hombres de maíz, (1949), de Miguel Ángel Asturias o el sentido de la Historia en Alejo Carpentier, la muerte como acto imaginativo en Cien años de soledad (1967); de igual modo dichos acercamientos para la poesía, no sólo colombiana sino latinoamericana. De esta afirmación dan cuenta dos poetas, como son: Fernando Arbeláez (Manizales, 1924; Bogotá, 1995) y Fernando Charry Lara (Bogotá, 1920; Washington, 2004) pues dos poemas de ellos son muy circunstanciales con el auge de la violencia entre los de color rojo y color azul que vivió Colombia a partir de la muerte de Jorge Eliécer Gaitán. Arbeláez publica “Nocturnos del Sur” en la Revista Mito número 7 de abril- mayo de 1956. Son tres poemas de una hondura poética, de una ceremonia exquisita por la palabra. En el “Nocturno I” en un elogio al silencio pone a la palabra como testigo de ese miedo y tristeza:

Yo elaboro

Yo abro mis pétalos para que tengan un sentido.

Y cierro mi silencio

Con puntas sumergidas en olvidos lejanos

En oscuros olvidos de muerte y de tristeza (1956, p. 33)

 

Ya en el “Nocturno II” su voz pasa a ser testigo del oprobio que causa la violencia en los escenarios de las calles en donde la irracionalidad hace parte de esas ciudades que empiezan a florecer en Colombia.

Esta calle tiene un color de muerte,

Un oculto color de desespero,

Su voz se pierde en las esquinas

Como un agua marchita,

Como un eco que oculta su rostro dulcemente. (1956, p. 34)

 

Pues sí, la poesía colombiana ha creado una manera de ver la realidad; dicha cosmovisión se expresa en una primera acepción con la muerte y de ello también da cuenta el poema “Llanura de Tuluá” de Fernando Charry Lara. En él, los cuerpos que a lo lejos parecen amarse en una conjunción entre deseo y pasión en la medida que la lectura avanza en la transparencia de las imágenes se insinúa la muerte; entonces el eros se atenúa y asume el dolor, ese soplo de muerte materializa la violencia. “Al borde del camino, los dos cuerpos/ Uno junto al otro/ Desde lejos parecen amarse.” (2003, p. 96) Parecen amarse, lo dice el poema y las palabras revelan la armonía entre la pasión y la muerte y en esta última se sufre por la ausencia de un lenguaje común, de un lenguaje que nos descubra la realidad que circunda la llanura; en otras palabras tenemos que captar la manera cómo esos cuerpos se atraen y se unen en la muerte

Y debieron ser terribles sus dos rostros

Frente a las amenazas y relámpagos.

Sus cuerpos que son de piedra, que son nada,

Son cuerpos de mentira, mutilados,

De su suerte ignorantes, de su muerte,

Y ahora, ya de cerca contemplados,

Ocasión de voraces negras aves.” (2003, p. 97)

 

Ese espíritu de violencia, ese sentimiento que despierta y exige humedecer el corazón eso es lo que hace la imagen en estos versos. Esta es la ambientación que hacen estos dos poetas para sentir la poesía desde el dolor, el miedo y la tristeza. La violencia es una de las formas de vida en el ámbito de la vida colombiana y de esta situación la literatura se ha nutrido a lo largo de su historia. A partir de la segunda mitad del siglo XX, el escritor ha recabado sobre las diversas manifestaciones de la violencia colombiana y por consiguiente en sus novelas y cuentos desfilan las formas más atroces de este flagelo colombiano. Al respecto, los ejemplos aparecen y con ello se corre el peligro de que alguna novela o cuento quede por fuera de la mención, pero lo más importante es señalar el infortunio social, cultural y económico que suscitó la muerte de Jorge Eliécer Gaitán.

¿Por qué la violencia en la poesía de José Manuel Arango? La lectura de su poesía registra unas imágenes en donde la violencia se expresa de diversas maneras en el ámbito de la ciudad. Es una violencia en la cual aparecen jóvenes expeditos al trajín de la noche, una violencia en donde la muerte campea y moldea imágenes en noches en que el desamparo se apodera de los caminantes noctámbulos o de hembras que buscan una moneda para satisfacer la orfandad del amor o buscan un aliento económico para llevar algo a su hogar.

De acuerdo con lo anterior, la violencia se manifiesta de una manera horizontal e inespacial. Horizontal en el sentido en que cada quien lucha por ganarse un espacio en la ciudad, bien desde la periferia o bien desde la sordidez de los ambientes citadinos; inespacial en tanto es una violencia que recrea la soledad desde lo más hostil de su condición. La violencia en la poesía de José Manuel Arango se analiza desde “La estética de la poesía”, de Arthur Schopenhauer. Precisamente, este filósofo plantea que:

El poeta escoge a propósito (sic) caracteres significativos en situaciones significativas; el historiador asume ambas tal como le vienen. El historiador no ha de ver, ni por tanto escoger, los acontecimientos y las personas según esa significación suya genuina e íntima que expresan las ideas,/ sino su significación externa, aparente y relativa, cuya importancia se basa en la relación, el encadenamiento y las consecuencias. (2005, p. 337-338, tomo I)

De acuerdo con lo anterior, la poesía de José Manuel Arango penetra en el dolor del Ser, en ese transeúnte que noche tras noche deambula por las calles de una ciudad que asume la muerte como parte de su cotidianidad y desde esta posición el carácter significativo de su poesía es recrear con imágenes de soledad, miedo, indiferencia y encierro ese ambiente de violencia, porque desde el encierro es donde más se siente la violencia en la poesía de Arango.

La casa que reduce la noche a límites

y la hace llevadera

cuando el rugido de una bestia en el sueño

o las palabras que

sin sentido

despiertan con ese extraño temor

surgen como restos de una oscura lengua

que desvela el origen y la amenaza

el techo que cubría un fuego manso

arderá

y entonces nada habrá seguro

y será necesario de nuevo cavar

hacer (2009, p.49)

 

Violencia como sinónimo de impotencia, violencia como artificio para que el ciclo se repita y para ello vemos que el poema termina con una palabra clave: hacer, pues este verbo determina el ciclo que empieza con la construcción de nuevo de la casa como si el fuego repetirá la tragedia de sentirse amenazado o vivir con ese extraño temor. Aquí es donde se entiende más claramente el planteamiento anterior de Schopenhauer, pues ese carácter significativo se logra en ese verso de “la casa que reduce la noche a límites/ y la hace llevadera”, pues en este el encierro recrea las propiedades de la palabra y el lenguaje poético se hace opresivo para representar la violencia desde los límites de la noche. Es ese lenguaje que esconde la expoliación de la noche a esos seres que se entregan al sueño con el temor de la amenaza.

Otra forma de sentir la violencia en la poesía de Arango es desde la indiferencia como una expresión de lo cotidiano y en su poesía lo cotidiano es la muerte. En el poema “Como para el amor” del libro Cántiga (1987) aparece aquella mujer muerta donde su cuerpo desnudo tributa el morbo de las miradas y la indiferencia de esos hombres cuyo oficio es vivir de la muerte.

Desnuda

las piernas recogidas un tano

las rodillas aparte

como para el amor

El inspector de turno

dice ajusta los hechos a la jerga

de oficio

el secretario

-con dos dedos-teclea

Yo

-también me he anudado mi pañuelo en la nuca-

miro el pubis picoteado. (2009, p.136)

 

Es el poema que se adentra del drama y cuyo fin es mostrar de una manera grotesca la desintegración y degradación del ser, así la poesía de Arango muestra lo humano y lo sobrehumano, explora el alma y el misterio del Ser humano. Su expresión de la vida es una lección desesperanzadora y con ella nos señala el verdadero drama del siglo XX en Colombia: la violencia, temática que pasa del campo a la ciudad. En este sentido, la poesía de Arango, según el excelente ensayo de David Jiménez plantea que: “La asociación de muerte y ciudad es muy rilkiana. Pero también en este caso, antes que la influencia de Rilke, vuelve a escena en el verso una ciudad muy concreta, donde el centro hospitalario, la zona de prostitución y el cementerio se apretujan en un espacio reducido” (2002, p.103). Esto es en esencia lo que nos ofrece José Manuel Arango en su poesía, recrear la vida en la ciudad desde el drama, el encierro, la soledad, la muerte, temáticas muy diferentes a la visión idílica del campo, pues en este espacio se añora la vida tranquila y apacible, el campo se evoca, se añora con nostalgia, tal como dice Schopenhauer: “La definición más sencilla y atenuada de la poesía que se me ocurre es ésta. Se trata de un arte que pone en juego a la imaginación mediante la palabra” (2005, p. 409, tomo II)

 

Bibliografía.

 

Arango, José Manuel (2009) Poesía completa José Manuel Arango. Edición y prólogo de Francisco José Cruz, Sevilla, España, edición Sibilina.

Arbeláez, Fernando (1986) Poemas del exilio, Bogotá, Procultura.

Charry Lara, Fernando (2003) Poesía completa, México, Fondo de Cultura Económica.

Dorfman, Ariel (1970) Imaginación y violencia en América, Santiago de Chile, editorial Universitaria.

Jiménez, David (2002) “La poesía de José Manuel Arango” en José Manuel Arango. La tierra de nadie del sueño. Poemas póstumos, Medellín, ediciones DesHora.

Moreno, Juan Carlos (2002) “José Manuel Arango” en Revista Al Margen, número 4, Medellín, Editorial Lealón.

Ospina, William (2002) “José Manuel Arango. La radical extrañeza de todo” en: José Manuel Arango. La tierra de nadie del sueño. Poemas póstumos, Medellín, ediciones DesHora.

Schopenhauer, Arthur, (2005) El mundo como voluntad y representación, Madrid, Fondo de Cultura Económica.

 

 

 

 

 

 

 

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>